24/2/13

"Miguel Ángel Hernández"

Más de un amigo se ha extrañado por el cambio de nombre en la portada de Intento de escapada. Has perdido el Navarro y has ganado el Ángel, me han llegado a decir. Alguno incluso me ha insinuado que quizá Miguel Á. Hernández-Navarro y Miguel Ángel Hernández no sean la misma persona.

Hace unos meses, Alberto Olmos hablaba de la tendencia reciente en la literatura española a firmar con el nombre propio de verdad, incluso para los Gutiérrez, Sánchez o Pérez. Después de un tiempo en el que los escritores españoles parecían buscar un nombre raro y diferente, un nombre de escritor, parece que de un tiempo a esta parte se ha comenzado a usar lo que uno tiene, aunque no suene demasiado elegante. También Enrique Rubio ha escrito en alguna ocasión –en particular en su novela Tania con i– que alguien con un nombre normal lo tiene difícil para ser escritor. Un Sánchez podrá escribir muy bien, pero de entrada lo tiene jodido ante un... Max Power –como decide llamarse Homer en un memorable capítulo de los Simpson–. 

Yo no diría tanto lo de triunfar o no. Pero lo que sí es cierto es que a veces un nombre normal es confuso y uno corre el peligro de que acaben confundiéndolo rápidamente con otro. Sobre todo cuando tienes dos nombres y dos apellidos. Entonces corres el riesgo incluso de que los ordenen como quieran, o que se olviden cualquiera de ellos aleatoriamente. 

El primer texto que publiqué en toda mi vida fue una crítica de arte en el periódico La Verdad. Recuerdo que era sobre la exposición de Párraga en 1999. Con toda la ilusión del mundo fui a comprar el periódico el sábado –imaginad los nervios de un estudiante de cuarto de carrera que publica por primera vez– y allí encontré mi texto firmado por un tal: "Á. Martínez Navarro". Habían acertado con la Á. y con el Navarro. El Martínez no sé de dónde lo habían sacado. Y el Miguel directamente había desaparecido. 

Con estos comienzos, estaba claro que la cosa no iba a ir demasiado bien. En los primeros años de mi carrera académica, fue una constante que en textos, intervenciones y programas de mano me pusieran indistintamente Miguel Navarro, Ángel Hernández o Miguel Navarro Hernández. Tengo el diploma de un congreso –lo juro por Dios– que pone "Mª Ángeles Hernández". Este no puedo ni presentarlo a la ANECA como mérito. Ahora me río, pero reconozco que durante un tiempo me preocupó bastante la cosa. Era imposible que alguien escribiese bien mi nombre. Lo peor de todo era que no me llamaba Mihály Csíkszentmihályi. Con ese nadie falla, porque le ponen atención a cada letra, pero con Miguel Ángel Hernández Navarro... es tan normal que al final puede ser cualquier cosa. 

De todos modos, me quedaba todavía mucho por ver. No sabía las complicaciones que "Miguel Ángel Hernández Navarro" podía causar en un país extranjero, sobre todo en aquellos que suelen tener sólo un nombre y un apellido. Recuerdo la invitación a un congreso en Italia. En el aeropuerto había un señor con un cartel esperando a "Miguel Ángel" y otro, esperando a "Hernández Navarro". En su lógica eran dos personas. Tuvieron que ponerse de acuerdo para ver quién me llevaba –el que se fuera de vacío intuyo que no cobraba– cuando les dije que ambos señores españolas eran la misma persona, yo, y que no podía dividirme en aquel momento porque estaba muy cansado.

Pero eso no es nada para los textos firmados por varias personas con varios nombres. Durante un tiempo, escribí varios textos con Pedro Alberto Cruz Sánchez –también cosa complicada–. Y creo que la palma se la lleva un registro de Amazon del libro Peripheries of the Body en el que no había en orden ni uno solo de los nombres.  Yo imagino el señor de Amazon intentando meter los nombres en el ordenador al azar. El resultado era "Hernández Alberto Cruz and Miguel Navarro Ángel Sánchez: Peripheries of the Body". Con dos cojones. A ver cómo reclamas la autoría del libro.

Y fue por este tipo de cosas por las que llegué a la forma de mi nombre que he repetido en los últimos años como si fuera el de verdad: Miguel Á. Hernández-Navarro, que en Estados Unidos me sirvió para evitar confusiones.  Allí la gente usa un midle name, y el "Á." servía perfectamente. Y luego, necesitaba un apellido solo. Pero algo que sonara complejo para cuando tuviera que decirlo –ya que el midle name no se dice– y así evitar el cachondeo de "¿Miguel Hernández?, anda, mira, como el poeta".Y entonces ideé la fórmula del guión entre el Hernández y el Navarro. Tomé como ejemplo lo que había hecho el artista Félix González-Torres y comencé a escribir a partir de ese momento "Hernández-Navarro". Desde entonces, he firmado todos mis libros y textos así: "Miguel Á. Hernández-Navarro". Parecía incluso una cosa seria. El guión le daba empaque a la cosa. Era muy largo, es cierto, pero llegué a tomarle cariño. 

Pero mira por dónde llega ahora la portada de Anagrama y parece que el "Miguel Á. Hernández-Navarro" es largo de cojones y se va a salir por los dos lados. Hay que buscar algo más corto, me dijo mi agente. Miguel Hernández-Navarro era la primera opción. Pero yo no soy Miguel, pensé. Me llaman Miguel Ángel, y ver un libro firmado por Miguel me iba a extrañar una cosa mala. Sería como si el libro lo hubiera escrito otro. Barajamos también M. A. Hernández-Navarro. Pero a mí me recordaba a MA Barracus, del Equipo A, y me daba mal rollo. Era como ir por la vida sin nombre. La conclusión estaba clara: había que quitar el Navarro. No me hizo gracia. Ninguna. El Navarro era la parte de mi madre. Pero no había remedio. Así que nos quedábamos sólo con el Hernández. Hernández a secas. ¿Miguel Á. Hernández?, pregunté, para que al menos en las búsquedas de Google coincidiera y aparecieran tanto los resultados de "Miguel Á. Hernández-Navarro" como los de "Miguel Á. Hernández". Pues no. La inicial no funciona bien. Se acaba confundiendo con Miguela. Así que nada: Miguel Ángel Hernández. Cosa simple. 

Confieso que cuando vi el nombre en la portada de Intento de escapada me pareció extraño. Pero ya me he acostumbrado. Es mi nombre. Lo que ya no sé es cómo firmar a partir de ahora. He barajado la idea de firmar la narrativa como Miguel Ángel Hernández y los ensayos con Miguel Á. Hernández-Navarro. Pero creo que voy a tirar por lo fácil: Miguel Ángel Hernández para todo. A los 35 años he redescubierto el nombre. Habrá que ir haciéndose a él.

7 comentarios:

Tarquin Winot dijo...

Menuda peripecia. Leido y visto desde la distancia es divertido, pero imagino que más de un quebradero de cabeza ha debido de generar este detalle.

Sacra dijo...

Ciertamente que se equivoquen con tu nombre o lo alteren causa problemas y hasta frustraciones.
La única que vez que he hecho un trabajo que me podría haber abierto algunas puertas... aparece en un artículo de un periódico local y el "periodista" me cambia el nombre, paso a llamarme Rosa... y los pocos que leen el asunto y recuerdan algo de mi y el trabajo en cuestión me felicitan por el trabajo de "mi hermana" (que tampoco se llama Rosa)...

Si, el nombre y los apellidos son una cosa muy personal, vaya que sí...

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Gracias, me he pasado un rato muy agradable leyendo tu "nombre del padre". Qué gusto escribir así.
He tenido un problema parecido. Estuve a punto de incluir un guión entre mis dos apellidos, al fi y al cabi "Pérez" es mut común y se conoce más Andreo. Cuando publico en América no me respetan los apellidos, todo queda en Bernardo Pérez, tropecientos, o Bernardo P. Andreo.
En fin, lo tengo mejor que tú.
Ánimo con la búsqueda del origen.

Daniel Pelegrín dijo...

Y a mí que me parece tan sugerente ese MAHN (o Mahn, algo germánico)... Pero no, Miguel Ángel Hernández es una buena decisión.

Diaz-Rullo dijo...

Te iba a decir que no te preocupases por el nombre, pero de algún modo no he tardado mucho en rectificar. Háztelo, aun a pesar del nombre. Yo antes confundía mucho a Manuel Vilas con el ínclito Vila Matas... hasta que un día decidí leer algo suyo, y ya no se me olvida.
Si piensas en Jesús Carrasco,lo suyo no era tampoco un nombre triunfal, y no creo que haya alguien que a estas alturas se confunda...
De todos modos la confusión que has sufrido da para una pequeña tesis. Como dicen en las cartas de amor: No te olvido. Uno de mis buenos amigos también se llama Hernández, y también va a ser escritor. Tú has llegado antes.
Saludos desde Karlsruhe

Diaz-Rullo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
mahn dijo...

Casi me habría gustado más MAHN. Pero reconozco que ya me he acostumbrado a Miguel Ángel Hernández. Consiste en acostumbrarse a la imagen, igual que cuando llevas gafas nuevas o un nuevo peinado. Hay un momento en el que te miras al espejo y ya eres tú de nuevo. Aquí pasa lo mismo.

Saludos para Karlsruhe. Allí estuve una semana en un congreso en el ZKM y me gustó mucho. Y luego, este verano también estuve unos días.