2/2/13

Django descabezado

Me ha gustado mucho Django desencadenado. De verdad. Y eso que no soy yo mucho de Tarantino, por no decir  que casi nada. Aun así, algunas de sus películas me parecen hallazgos. Y muchas veces, más allá de la estética de la violencia, a través una ironía aparentemente burda, pero en el fondo muy inteligente, pone sobre la mesa el corazón de cuestiones políticas y culturales de primer grado. En Malditos bastardos, por ejemplo, propone la posibilidad de intervenir en la historia: podemos con la ficción hacer cosas que no pudimos hacer en la realidad. La ficción es una herramienta de reconfiguración de la historia, una especie de contratiempo. Frente a la idea tradicional de que el tiempo está cerrado de una vez y para siempre, que las cosas que han pasado, han pasado así y no hay posibilidad ya de arreglarlas, Tarantino, como Walter Benjamin, parece pensar que el pasado puede ser modificado desde el presente, y que las ficciones no tienen por qué sólo repetir la historia sino también animarse a modificarla.



Matar a Hitler en la ficción supone una especie de venganza irónica que sirve para introducir un anacronismo, un posicionamiento desde el presente sobre el pasado. Y lo mismo sucede con la esclavitud en Django. Es una especie de venganza imposible que sólo puede ser llevada a cabo desde el futuro. Como también es sólo desde el futuro cuando se puede utilizar la ironía y el humor para tratar el racismo y la esclavitud como lo hace Tarantino. La escena del Ku Klux Klan en la que muestra la banalidad bajo el terror es un claro ejemplo de esa lectura desde el futuro. Desde el futuro y a través de la ruptura y deconstrucción de los todos los códigos con los que el discurso y el imaginario se ha extendido. 

A través del Western, sus gestos, sus maneras, sus lógicas y lenguajes, Tarantino altera la historia. Es un acto magistral de apropiación de lenguaje para, desde el presente, abrir el tiempo y transformar el género. Una profanación realizada desde el interior del género que hace que la película funcione al mismo tiempo como un Western y como una lectura crítica del Western y de todo lo que se encuentra detrás de esta manera de contar.


Me han llamado la atención muchas cosas de la película. Recursos, diálogos, giros de la historia... pero no sé por qué, me ha parecido especialmente sutil y bella la escena de Django vestido con un traje azul dieciochesco, que recuerda a los cuadros de la tradición burguesa, especialmente al célebre Niño de azul, de Thomas Gainsborough. Cuando la veía no he podido evitar que me vinieran a la mente las esculturas del artista Yinka Shonibare: maniquíes sin cabeza, vestidos con ropajes elegantes, tejidos que tienen que ver con el colonialismo, la esclavitud, la dominación y la violencia. Igual que en esas escenas de Django, en las obras de Shonibare la violencia se presenta a través de las formas más elegantes.  Riqueza, elegancia, violencia y dominación aparecen en sus figuras estereotipadas. 




Hay un momento en esa escena del traje azul en el que el reflejo de la figura de Django en el espejo aparece sin cabeza. Sólo vemos, de hecho, el traje, la apariencia, como si no hubiera cuerpo detrás, como si fuera un fantasma, una especie de sujeto que viene para reclamar lo que es suyo, para solucionar algo del pasado que quedó pendiente. 


No tengo claro lo que significa para Tarantino ese reflejo extraño, pero a mí me ha llevado enseguida a los maniquíes de Shonibare. Ambos, sin duda, producen lecturas del pasado desde el presente. Ambos utilizan la ironía y la violencia. Ambos nos ponen delante de lo que hemos sido en algún momento, conjuran nuestros fantasmas. Nos hacen ver cómo la razón y la sinrazón van siempre de la mano. La gran diferencia es que en Shonibare no hay sangre. Quizá porque sus cabezas hace mucho tiempo que fueron arrancadas.





1 comentario:

manipulador de alimentos dijo...

Una decepción 'Django', no me esperaba un clásico pero sí una película más divertida. Apenas aparecen esos diálogos crujientes marca de la casa, y como siempre, qué pena que sus pelis estén tan vacías. ¿Cuándo encontrará messieur Tarantino algo para lo que tan bien sabe hacer: contar? Un saludo!