Translate

31/12/12

Amor, colega, amor

Estamos llegando al futuro. 2013 siempre me ha sonado a cosa interestelar. Supongo que nadie se lo había imaginado así. Los coches siguen sin volar y todavía no comemos a base de pastillas, sino de platos de cocido y macarrones a la boloñesa –los que tienen la suerte de poder comerlo–; eso sí, algunos frigoríficos ya hablan y muchas máquinas rigen nuestra vida. Pero el problema sigue siendo el mismo de siempre: la cosa está mal repartida. Unos tienen mucho y otros apenas tienen nada. Y lo peor es que esto no sólo ocurre con el dinero. Quizá eso sea lo más grave. Hay quien apenas tiene amor. O quien tiene demasiado odio. Esta es la catástrofe, la clave de todo lo demás. Y por eso el mundo es injusto. Porque algunos no han aprendido a amar. Así que este es mi único deseo para el año que comienza: que amemos un poquito más.

Lo mismo esto suena demasiado cristiano y se parece de modo siniestro a los tuits del Papa y a las cosas de Paolo Coelho. Pero al fin y al cabo, si lo pensamos bien, si buscamos la raíz de los problemas, la encontramos toda en el mismo lugar. La falta de amor. Por eso nos quedamos con lo que no es nuestro, por eso avasallamos al otro, por eso ansiamos tener cosas, por eso, en el reparto de lo que debería ser de todos, pretendemos tomar más parte de la que nos toca... 

En fin, que me lío. Que lo único que quería decir para acabar el año era que llegamos al futuro, que la cosa está muy malita para muchos y que el amor sigue siendo la única política que puede salvarnos.


1 comentario:

Molina de Tirso dijo...

Yo también lo reinvindico. El amor (laico y no necesariamente romántico que vendría a ser, más o menos, lo que suele llamarse empatía). Y, ¡fíjate! reivindico hasta la bondad - que, para que nos parezca cursi y ñoña y podamos seguir despadazándonos sin que sufra la conciencia - se la empieza a sustituir por un pariente semántico con connotaciones peyorativas: el buenismo.
¡Hay que ver!