1/8/12

En busca del aburrimiento perdido

Hace siglos que no posteo cosas nuevas en el blog. Casi tengo que excusarme según la fórmula de Cory Arcangel: Sorry I haven't posted. Junio y julio han sido una auténtica locura de exámenes, burocracia universitaria, conferencias, tesis (que dirigir y evaluar)... Pero al fin parece que me voy quedando tranquilo. He podido acabar mi librito sobre Benjamin y el arte de historia y entregar también los textos a los que me había comprometido. Así que las vacaciones han llegado por fin. Un mes en el que salvo alguna que otra cosa pequeña, me dedicaré a la lectura, la música y la escritura por puro placer.

Un mes en el que buscaré algo que hace mucho tiempo que no percibo, el aburrimiento. Sí, quiero aburrirme. Totalmente. Llegar a tener uno o dos días de esos en los que no sabes qué hacer y se te cae la casa encima. De esos en los que el tiempo se espesa y sientes que el futuro (el día siguiente) no acaba nunca de llegar.

Hace bastante que no tengo esa sensación. Siempre hay cosas que hacer. Un texto que acabar, una conferencia por preparar, un libro que leer para reseñar... siempre hay algo que anula el aburrimiento y no deja lugar a ese dolce far niente. Y si no, siempre está Facebook o Internet, o la tele (ésta cada vez menos), o veinte mil cosas para hacer que uno se entretenga y no se aburra.

Pero quisiera aburrirme como una ostra, bostezar, tocarme los huevos hasta que me duelan las manos.

Eso es lo que voy a intentar hacer al menos unas semanas. No sé si lo lograré. Una novela que tengo en la cabeza quiere comenzar a salir. Hay libros que estoy deseando leer desde hace un tiempo y que me prometen placeres y mundos fascinantes. Aun así lo intentaré. Unos días. No hacer nada. Absolutamente nada. Respirar. Si acaso. Aburrirme como cuando era un niño y los días de verano eran laaargos como longanizas y me desesperaba esperando que llegase la noche, mirando al cielo, tirando piedras a las acequias o imaginando tonterías. Sintiendo el tiempo, habitándolo, no como ahora, que se escapa en cada segundo.

De momento, para empezar me sentaré al piano e intentaré ejecutar esta obra a la perfección. Seré constante, me dedicaré en cuerpo y alma. Y quizá así el aburrimiento acabe llegando. Aunque... quién sabe, lo mismo acontece la experiencia sublime de la contemplación del vacío y el silencio me lleva a un estado alterado de la conciencia que me transforma en un ser de luz. Sería un efecto colateral de mi búsqueda del aburrimiento.



2 comentarios:

Isaki dijo...

No perdemos tiempo y nos perdemos el tiempo.

Leandro Llamas dijo...

Apuesto a que no lo consigues