29/8/11

Ni súper, ni ocho

Supuestamente se trataba de la sensación del verano, la vuelta al cine de aventuras de los ochenta y el homenaje a la tecnología de las cámaras Super 8. Sin embargo, desde mi punto de vista, la película de J.J. Abrams resulta un fiasco doble. Primero, la historia. Para conseguir la vuelta al cine tipo Los Goonies o E.T., lo que hace Abrams es coger todo lo que funcionaba de las películas de niños de los ochenta y ponerlo junto. Y, claro, como él es un maestro de la narración, pues aquí funciona. Es una película entretenida y con la que se pasa un buen rato. Pero ya está. Un director como él no puede caer en esa regresión y convertir su película en un pastiche llenó de clichés por todos los lados.

Ahora bien, lo que es más indignante es el «juego» con el Super 8. La película pretende mostrar la nostalgia por un medio y una tecnología que ha formado el imaginario de toda una generación. Sin embargo, aparte de lo anecdótico, en la película no hay lugar para el potencial de las cámaras Super 8. No tienen poder alguno de enunciación. Allí quien manda son los medios obscenos de Hollywood. La secuencia del accidente del tren está grabada con una tecnología que hace enmudecer al cine anterior. Despliegue de medios y de dinero, mucho dinero. No hay ninguna escena en la que se haya dejado hablar a la Super 8, que acaba siendo una simple cosa de niños, como la película del final. El mensaje que subyace es que con las tecnologías obsoletas uno esboza una sonrisa, pero con lo que realmente se acojona y disfruta es con la tecnología avanzada de la industria del espectáculo. Y esto es ser tramposo.

[Publicado en La Razón, 26-08-2011]

2 comentarios:

Pujante y Gasset dijo...

Hombre, se trata de hacer algo retro con los medios de ahora, no de hacer algo retro con medios retro; no olvidemos que esta peli es una superproducción. Igual que en E.T se gastaron una millonada para explotar los efectos especiales de entonces, en Super 8 hacen lo propio con los de ahora. A este respecto, creo que los usan con bastante mesura, como un instrumento para narrar (aunque en la escena del tren se hagan una paja digital) y no como un argumento en sí mismo. En definitiva, creo que la peli cumple. Puede que no tenga nada propio, que todos los ingredientes hayan sido recortados y pasados por la batidora, sin que ni siquiera el collage resultante sea original; pero, ¿no es eso lo que esperábamos? Yo sí. Me gustaría saber (y es una curiosidad sincera), qué esperaban exactamente aquéllos a los que la película ha decepcionado.

Leandro dijo...

La vi el sábado, y no comparto tu análisis. Tal vez te faltaba un hijo de doce años al lado para poder calibrar el valor de esta película, que lo tiene