16/8/11

Impaciente

Llevo prácticamente una semana encerrado en mi habitación sin parar de escribir. Desde que regresé del balneario, y tras acabar el texto sobre Bernardí Roig, me he sumergido por fin con tiempo en la novela y estoy disfrutando como un crío. Está claro que estas cosas hay que tomarlas a tiempo completo. En una semana de enclaustramiento he avanzado más que en meses de escritura salteada. Pero sobre todo estoy sintiendo por fin que el mundo del que escribo toma forma, se va espesando y no me deja un momento libre en mi cabeza. Me tiene totalmente absorbido y obsesionado.

Sin duda esa es la palabra: obsesión. Y, visto lo visto, creo que sin eso no hay literatura. Y en mi caso, esa obsesión tiene que ir acompañada de concentración temporal. Día, tarde y noche, a todas horas, pegado al teclado del ordenador, repasando una y otra vez, volviendo a los párrafos sin cesar, recomponiendo historias, espesando argumentos, dando voz a los personajes... Eso es algo que yo no puedo hacer poco a poco a lo largo de temporadas. Necesito hacerlo de seguido. Sé que, de lo contrario, la cosa nunca acabará. Porque luego empieza el curso, y las clases, y las conferencias y los artículos... y la concentración disminuye y lo que había sido un mundo denso, vivo y absorbente, se convierte en un pequeño rumor que se hace escuchar sólo de vez en cuando.

Supongo que cada cual tiene su manera de escribir. Yo, sin duda, prefiero la escritura-grito, de sprint, que la de escritura-susurro, de maratón. Hay algo que me define por encima de todas las cosas: no tengo paciencia. Ninguna.

3 comentarios:

Antonio Rentero dijo...

Enhorabuena por haber encontrado el momento.

Creo que no tiene que ver tanto con la paciencia como con adentrarse en un mundo que estás creando, dejarte envolver por él y aislarte de todo lo demás.

Yo me tengo por bastante paciente y he logrado terminar el maratón de NYC pero creo que cuando me he puesto a escribir algo ha dado mejor resultado cuando le he dedicado todo el tiempo que necesitaba y para un trabajo tan largo como una novela creo que es indispensable echarle muchas horas seguidas, aunque antes hayas podido repartir a lo largo de semanas o meses un trabajo previo de documentación y estructuración y posteriormente puedas repartir tb en varias sesiones puntuales la reescritura y la corrección.

Ánimo!!!!!

reme dijo...

tus lectores estamos también impacientes, miguel ángel!

:)

Anónimo dijo...

El mejor remedio contra la obsesión del escritor es escribir en una sala muy muy grande con una máquina de escribir ruidosa mientras tu casa se queda incomunicada por la nieve.