28/7/11

Descubrir

Leyendo sobre la obra de Bernadí Roig, me doy cuenta de que tenemos mucho en común. Veo sus obras, leo sus escritos y observo que estamos en el mismo lugar, al menos en un sitio cercano. Es curioso el modo en el que uno encuentra interlocutores perfectos sin haberlos buscado. Siempre me había parecido interesante su trabajo, pero nunca había profundizado lo suficiente en él. Lo había tenido delante de mis narices y nunca había advertido que estábamos hablando de lo mismo. A veces, los textos de encargo son la oportunidad perfecta para adentrarse en lugares que, de otro, modo apenas veríamos desde la lejanía. Me ha ocurrido con la obra de Jean Fabre y ahora me pasa con Bernardí Roig. Y la pregunta que no ceso de hacerme es siempre la misma: ¿por qué no habría mirado yo aquí antes? Y es que en Bernardí están todas mis referencias centrales: Berhnard, Beckett, Blanchot, y también algunos de los problemas que me han preocupado, especialmente la cuestión de la visión y la mirada. Todo ahí, concentrado, en una obra inteligente y llena de potencia visual. Más vale tarde que nunca, pienso. Y trato de conformarme. Pero parece que uno nunca llega a tiempo a donde debería haber llegado. Porque ahora ya estaba yo caminando hacia otro lugar, y veo que en el sitio en el que estaba había mucho más de lo que había visto. Y no sólo eso, sino que me había perdido lo más relevante. Eso me hace ahora volver la mirada. E intentar escribir un texto con el cuello torcido, mirando hacia atrás como Orfeo en busca de Eurídice. Sólo espero que mi mirada no cause que nadie tenga que volver al Averno.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

-!Así será, Orfeo! Regresa al mundo superior, y Eurídice te seguirá como tu so(m)bra. Pero no te detengas, ni hables y sobre todo, no mires hacia atrás...porque si lo haces, no volverás a ver su cara otra vez.- (M)

mahn dijo...

Intenta uno no detenerse, camina como si no hubiera ayer, pero luego se frena, se da la vuelta y comprueba que, en efecto, allí ya no hay nada. Aunque esa nada, hasta el momento, lo seguía como sombra. Es la paradoja, que si miras, no lo ves y si no miras, está detrás de ti.

Anónimo dijo...

Sí, imposible no mirar atrás buscando su rostro, todo su ser en todas esas nadas, e imposible también mirar a ese no lugar vacío y sin nada, donde ya no está, donde ya no es. Imposibilidad y nada......, no llores me susurra en sueños muchas noches....., gracias y un abrazo. Marta