4/12/10

La paparazzización difusa

La figura del paparazzi es una de las más controvertidas del “periodismo” contemporáneo. Su función es acechar al famoso para fotografiarlo cuando éste menos se lo espera. Durante los años ochenta y los noventa, estos fotógrafos de la vida privada tuvieron su momento de gloria. Sin embargo, con la democratización de las tecnologías de comunicación, su importancia ha disminuido y su función se ha extendido a todos los lugares de la vida cotidiana: hoy todos vamos cargados con nuestros móviles y cámaras digitales dispuestos a fotografiar a cualquiera que se nos cruce en el camino. Los famosos ahora tienen que andar con cuidado; están controlados en todo momento. Las estrellas de cine ya no pueden salir a la calle sin maquillaje, porque cualquiera puede fotografiarlas y hacer circular las fotos por Internet.

Asistimos a una suerte de paparazzización del mundo, una prisión panóptica para famosos. O, peor, para todos. Porque hoy, aparte de ser todos paparazzis, también somos todos famosos. La proliferación de redes sociales como Facebook o Tuenti ha hecho que cualquier persona anónima se pueda convertir en personaje público. Igual que les sucede a los famosos, hoy ya nadie puede hacer excesos. Siempre hay alguien cámara en mano dispuesto a etiquetarnos en Facebook y hacer que nuestro impúdico comportamiento se publicite y aparezca en la red a la vista de todos. Esa “pulsión de etiquetado”, de “fotografiar y compartir” hace que debamos tener mucho cuidado a la hora de comportarnos en el espacio público. Un espacio que ahora se ha expandido a cualquier lugar en el que una cámara cerca, aunque sea una cena en la casa de la abuela. El panóptico 2.0. ha llegado. A partir de ahora tenemos que andarnos con “ojo”.

[Publicado en La Razón, 3/12/10]

3 comentarios:

Sonia M.S dijo...

Lo que da bastante miedo. Me da la impresión de que esta soberanía de la luz vaya a acabar con la cordura de la gente que no tenga donde proyectar su sombra.

J. G. dijo...

y seguiremos dejándonos.

Leandro dijo...

Pues a mí me parece que, lejos de ese nadie puede hacer excesos, casi todo es excesivo hoy