En mi inmersión acuático-lectora, junto al lago han ido cayendo libros memorables de los que daré cuenta más detallada en siguientes entradas. Patricio Pron (El comienzo de la primavera), Ricardo Menéndez Salmón (Panóptico), Sergio Pitol (Los mejores cuentos) y Roberto Bolaño (Los detectives salvajes; sí, lo confieso: aún no había tenido la oportunidad de leerlo con tranquilidad, y me queda aún un poquito para acabarlo) han sido mis compañeros entre baño y baño. Y luego, al final, para desengrasar un poco la maquinaria, una revisitación de Pérez Reverte (El club Dumas), que tampoco he logrado acabar allí.
Agua curativa, tranquilidad, fresquito, albornoz perpetuo... la verdad es que ha sido el plan perfecto para una semana de relax. Una semana en la que también han surgido argumentos para relatos y novelas varios. El balneario decimonónico daba para mucho. La atmósfera entre el lujo y la decadencia me llevaba por momentos a La muerte en Venecia y la novela centroeuropea. Pero también había momentos Agatha Christie en los que uno podía imaginar asesinatos en las termas y conspiraciones varias. Aunque sin duda el momento-novela de la semana sucedió durante el regreso. Un thriller protagonizado por el inefable Tom-Tom, el GPS Asesino que quiso perdernos por los montes de Castellón.
En un momento del viaje, después de parar a tomar algo justo a la entrada a la provincia de Castellón, por alguna razón que desconocemos, el GPS nos llevó a un pueblo perdido de la mano de Dios. En lugar de regresarnos a la autovía, el Tom-Tom nos condujo por una carretera sin nombre hacia la ladera de una montaña, a un camino perdido por el que nos daba miedo seguir. Conforme avanzábamos por aquel camino estrecho y lleno de baches, comenzamos a elucubrar que probablemente por allí no había salida a autovía alguna. Pero desde luego el GPS no parecía estar equivocado. Nos llevaba a un lugar concreto. Fue entonces cuando el terror se apoderó de nosotros y comenzamos a desconfiar de todo aquello. Quizá el GPS nos estaba conduciendo allí deliberadamente, y en cuanto nos perdiéramos definitivamente, varios empleados de Tom-Tom vendrían a apalearnos, violarnos, robarnos y quitarnos el coche. Imaginamos esto, pero también se nos vino a la cabeza que al final de aquel camino probablemente encontraríamos un cementerio de coches perdidos, y que entonces el GPS en lugar de darnos indicaciones comenzaría a amenazarnos y a reírse de nosotros, diciéndonos que íbamos a morir en aquel paraje. Pensamos en ese momento que el GPS se parecía demasiado HAL 9000 de 2001 y que para salvar nuestras vidas lo mejor iba a ser apagar el aparato, hacer caso a nuestra intuición y dar la vuelta. Y eso fue, creo, lo que nos salvó, quizá no de la muerte ni de esas tonterías que habíamos imaginado, pero sí desde luego de quedarnos sin gasolina en medio de la sierra, sin cobertura en el móvil y con las ruedas del coche pinchadas. Vamos, una aventura. Sin duda aquí hay un thriller. GPS Asesino: la ruta de la muerte.
2 comentarios:
Me apunto el argumento...
Al final hay que desconectar el GPS mientras su voz languidece cantando "Daisy, Daaaaaiiisssssyyy...".
Es curioso lo que cuentas,y además muy bien.Hace tiempo que me ronda por la cabeza escribir un relato sobre un GPS,en homenaje a La cabina de Antonio Mercero.
Ya digo;la realidad siempre supera a la ficción que imaginamos cuando algo nos sucede de verdad.Una paradoja.
Un cordial saludo.
Publicar un comentario en la entrada