16/12/09

Desnudarse

Al final, la presentación quedó más o menos digna. Ua cosa íntima pero emotiva. El despacho de la galería se había decorado para la ocasión con dibujos de Pividal. El marco favorecía la intimidad y el recogimiento. Yo leí un pequeño fragmento de "Cuaderno de duelo", y, mientras leía, me di cuenta de que se me hacía un nudo en la garganta. Hay textos que cuesta tanto sacárselos de dentro, que luego se resisten a volver a entrar, a ser dichos de nuevo, rememorados, renombrados, restablecidos.

Es tremendamente difícil volver a las heridas que aún no han cerrado. Y hacerlo como si no pasara nada. De hecho, creo que no voy a volver a hacer una lectura pública de este tipo de trabajos. Conforme avanzaba la lectura, sentía cómo me iba desnudando progresivamente hasta que el frío de la calle helaba mi cuerpo. Luego, por supuesto, uno vuelve a su sitio y se recompone como si nada hubiera sucedido. Pero eso sí que es ficción. La ilusión de un yo completo que es pura fachada. Por dentro las cosas siguen resquebrajadas. Y cuando uno mira hacia atrás, los fragmentos de vidrio se clavan en el hígado y arrancan jirones de piel. El cuerpo sin órganos se convierte entonces en un cuerpo "desorganizado". Un cuerpo caótico, inestable, frágil y doliente. Es decir, lo que uno es todos los días de su vida. Aunque a veces parezca que la cosa no es para tanto.

3 comentarios:

Rocío Márquez dijo...

Has liberado tus pasiones en una catársis clásica que, como sabes, purifica el espíritu. Miraló por ese lado. Un abrazo.

Anónimo dijo...

cuánto te entiendo y me entiendes. ojalá pueda pedirte un prólogo algún día.
llegué anoche, voy a buscar tu libro ya.

abrazos,muchos.


rm

MLL dijo...

Es para tanto y no lo es. Es lo que hay.