Originalidad
Cuanto más vueltas le doy al problema de los derechos de autor, menos claro lo tengo. Esta semana hemos tratado en clase el arte del apropiacionismo que, precisamente, pone en cuestión la originalidad y singularidad de la creación cultural. A principios de los años ochenta, se hizo patente que la construcción de las obras de arte contemporáneo ya no se regía por la pureza y la individualidad de las propuestas, sino por la superposición de diversos estratos de significado que ponían de manifiesto la ausencia de un original. Había que tomar conciencia de que “debajo de cada imagen hay siempre otra imagen”. Toda una serie de artistas, como Sherrie Levine, Dara Birnbaum o Martha Rosler, entre otros, comenzaron a utilizar el recurso de la cita y el montaje de elementos preexistentes con la intención de anular la presencia de un sujeto individual.
Según estos artistas, no había posibilidad de acceso privilegiado al yo interior de los sujetos. Sólo podemos conocer el exterior, la superficie. Frente a la idea monolítica y pura del yo, optaron por una concepción pública y exterior de la identidad. Ésa es la misma tesis que defendió Jacques Lacan, para quien el sujeto se constituye a través de la identificación con una serie de “otros” que están en el afuera: primero, la imagen del otro, que da forma a nuestra dimensión del Imaginario; y luego, el lenguaje del otro, que es la base de nuestra dimensión Simbólica y cultural. Nuestra identidad se forja así a través del otro. Todo está dado de antemano. Si uno acepta esto, seguir creyendo en la originalidad y la inexpugnabilidad de la propiedad intelectual es algo no sólo totalmente extemporáneo, sino profundamente anticultural.
[Publicado en La razón, 27-11-09]
Según estos artistas, no había posibilidad de acceso privilegiado al yo interior de los sujetos. Sólo podemos conocer el exterior, la superficie. Frente a la idea monolítica y pura del yo, optaron por una concepción pública y exterior de la identidad. Ésa es la misma tesis que defendió Jacques Lacan, para quien el sujeto se constituye a través de la identificación con una serie de “otros” que están en el afuera: primero, la imagen del otro, que da forma a nuestra dimensión del Imaginario; y luego, el lenguaje del otro, que es la base de nuestra dimensión Simbólica y cultural. Nuestra identidad se forja así a través del otro. Todo está dado de antemano. Si uno acepta esto, seguir creyendo en la originalidad y la inexpugnabilidad de la propiedad intelectual es algo no sólo totalmente extemporáneo, sino profundamente anticultural.
[Publicado en La razón, 27-11-09]
Todo tiene sus límites. Aunque adhiero a la tesis lacaniana y una siente un gran alivio cuando se va despojando de mitos, encuentro que en el campo del Arte aún existe la DIFERENCIA ABSOLUTA entre obra y obra. A eso yo le llamo un artista= creador.
ResponderEliminarUn cordial saludo de
Lic. Alicia Villoldo-Botana
Todo tiene sus límites. Aunque adhiero a la tesis lacaniana y una siente un gran alivio cuando se va despojando de mitos, encuentro que en el campo del Arte aún existe la DIFERENCIA ABSOLUTA entre obra y obra. A eso yo le llamo un artista= creador.
ResponderEliminarUn cordial saludo de
Lic. Alicia Villoldo-Botana
"Profundamente anticultural": concordo absolutamente. Esa é a cuestión, o punto de partida da discusión, dar por certo que calquera regulamento (non digo que algún non teñamos que ter) non traballa pola cultura, senón ao servizo doutros intereses.
ResponderEliminarVenía de un blog gallego que trataba el mismo asunto; de todas formas creo que se entiende.
ResponderEliminarMe permito hacer unas pequeñas precisiones sobre la tesis lacaniana: lo que se conforma a partir de identificaciones con otros, y en un inicio con la propia imagen especular, percibida como alteridad, es el Yo, cuya función imaginaria es sostener la ilusión de que el sujeto mantiene una identidad consigo mismo (lo que llama JL el estadio del espejo). Por otra parte, el sujeto se constituye al ingresar al campo del Otro, lugar simbólico del lenguaje, la ley, etc. Es en este registro que no existe ninguna propiedad subjetiva, pues todo pensamiento, palabra, imagen, etc... proviene del Otro. En lo que se refiere a la diferencia absoluta entre una obra y otra habría que recordar la fabulación borgesiana de Pierre Menard, autor del quijote, la diferencia entonces, no está en la obra misma, sino, una vez más, en el campo del Otro, lugar de toda diferencia posible (lo imaginario establece lazos, identidades, lo real no conoce la diferencia, que es efecto de la acción simbólica en el sujeto).
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