13/9/09

Necesidades secundarias

Mucha gente se echa las manos a la cabeza cuando contempla las cantidades que los gobiernos gastan en cultura. Uno de los primeros argumentos que se suelen esgrimir es que se trata de un gasto innecesario, una necesidad menor que no se debería atender hasta que las necesidades primarias estén cubiertas. Hay una suerte de sentido común, por el que seguro que todos hemos pasado, que nos dice que es mucho más importante arreglar una acera y poner más camas en los hospitales que gastar en una exposición, un concierto o en restaurar una iglesia del siglo XV. Este pensamiento es fruto de una lectura cándida, pero bastante ingenua. Una lectura que piensa en el sector cultural como un «aparte» del sistema social, una especie de parásito que simplemente recibe sin aportar nada a cambio. Porque seguimos creyendo que el capital cultural es sólo capital simbólico, que aporta riqueza para el espíritu y el intelecto, pero poco más. Sin embargo, aparte de este capital no desdeñable, que ya posee un valor en sí mismo, la inversión en cultura contribuye también al desarrollo de la economía. Detrás de cualquier evento cultural hay un gran número de profesionales que forman parte de la estructura de la sociedad: artistas, pero también transportistas, electricistas, albañiles... profesionales que también tienen hijos, compran el pan, van al supermercado, suben en taxi, es decir, que contribuyen a la creación de riqueza y a la activación de la economía. Activación que, en última instancia, es la que posibilita que se puedan arreglar aceras, poner camas en hospitales y cubrir necesidades de primer orden.

Publicado originalmente en La Razón, 11-09-09

4 comentarios:

MLL dijo...

Lo superfluo es lo humanamente necesario, hasta en sentido económico. Yo no descartaría al respecto de estas valoraciones, de la falta de utilidad económica de la cultura, la vieja idea del trabajo dividido, entre mano y cerebro. Pienso que cada uno puede seguir creyendo que el otro tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente. Lucha de clases en pequeño o sin confesarlo, en suma. Si uno es reaccionario -y valiente- podrá hablar de resentimento. Pero eso no quita que también, con respecto a la cultura, haya mucha superchería, y que habría aceras que no tendrían que ser reparadas a según qué precio "cultural".

Leandro dijo...

Muy sensato. Y muy cierto. A mí, sin embargo, hay ciertas cosas de lo que los gobiernos gastan en cultura que me despiertan algunas suspicacias. Me limitaré a dos. La primera: ¿quién decide lo que es cultura y lo que no lo es? Claro que, sea cual sea la respuesta, y la decisión, no quita un ápice de sensatez a tu reflexión respecto a la repercusión de la actividad cultural en la vida económica. La segunda: ¿a cambio de qué se invierte en cultura? Las dos cuestiones están relacionadas: yo, gobierno de lo que sea, decido que lo que tú haces es cultura, destino fondos a tu actividad y luego hablamos. Un ejemplo, tomado del blog de alguien que suele pasar por aquí: el gobierno decide que el cine español es cultura (Io que ya, de entrada, es muy discutible en algunos casos) y le destina ciertas partidas presupuestarias. Partidas presupuestarias que, de forma directa o indirecta, van a los bolsillos de cineastas, actores y productores. Cineastas, actores y productores que, guiados por su conciencia cívica y pacifista, se echaron a la calle para protestar contra las acciones bélicas del gobierno anterior. Gobierno anterior que envió tropas a un país en guerra. Tropas que realizaron misiones de apoyo sin entrar directamente en conflicto, tengo entendido. Conflicto en el que sí han entrado, de forma directa y con muertos computables, las tropas que el gobierno actual, el subvencionador, ha enviado a otro país en guerra. ¿Dónde está ahora la conciencia cívica y pacifista de aquéllos cineastas, actores y directores? Entiéndaseme bien: no tengo ni puñetera idea de si está bien enviar tropas o no. En principio, creo que no, pero mi ignorancia me impide ser catégorico en esta cuestión. Pero sí veo que la similitud entre unas y otras tropas es tanta, que no entiendo el cambio de rumbo de los cineastas, actores y productores. De hecho, la única diferencia que veo es el signo del gobierno que las envía, y el hecho de que subvencione o no. Tal vez yo sea corto de vista. Pero me quedo con la sensación de que los dineros públicos, por regla general, contaminan bastante. Y me da la sensación de que los artistas, cuando entran muy a menudo en contacto con los dineros públicos, pierden algo de su condición de artistas para ir convirtiéndose, poco a poco, en empleados. Cuando no en algo peor. Pero vamos, es muy posible que yo esté equivocado.

Paranovas dijo...

A estas alturas de la historia de la Humanidad ya no se pueden hacer partes. Hay que tomarlo todo junto.
No obstante, me parece más importante poner camas en los hospitales que hacer una exposición de pinturas de un holandés del siglo tal. Ahora bien, esa es una de las dos interpretaciones de la Cultura (la superflua), porque con la otra interpretación de la Cultura (la necesaria) es como se consigue que haya médicos que te atiendan en esa cama de ese hospital.

Anónimo dijo...

hkfo revoked repeated brenner surprisingly swedenthe futile timessup silver twice spatial
semelokertes marchimundui