7/5/09

Desregulación

Como siempre, equivoco el equipaje. Me he venido de verano y me he encontrado con una rasca considerable. Espero que mañana cambie la cosa o mi garganta comenzará a resentirse. De momento, lo que sí se resiente es mi estómago. Supongo que se debe a la cantidad de veces que he desayunado y comido a lo largo del día. Es curioso, pero cada vez que llego al aeropuerto me entra hambre. En ocasiones puedo llegar a desayunar cuatro veces. No sé si será ansiedad o el recuerdo inconsciente de Viven, pero el caso es que siento la necesidad de subir al avión pertrechado de comida. Seguramente, pienso, si algo ocurre tengo materia para varios días. Lo que no pienso es que, precisamente por lo mismo, me convierto en uno de los platos más apetecibles del holocausto caníbal.

3 comentarios:

Ramón Monedero dijo...

Joder macho, como sigas viajando tanto yo de ti me iba a la OTAN y me sacaba la nacionalidad universal. Piénsalo así, podrías votar en todas las elecciones del mundo. Bueno..., no se hasta que punto eso sería buena idea...

Athena dijo...

Cuidado con estornudar, que lo meten en un hospital público y de ahí no sale vivo.

Mery dijo...

Muy graciosa tu apreciación última.
Si, corres el peligro de ser el primer pasto de los dientes incisivos, sobre todo si alguno de los otros pasajeros se fijó en tu engullidas compulsivas.

Un abrazo