4/8/08

Dispersión

Después de la intensa semana pasada, me cuesta coger el ritmo. Hoy he comenzado a ordenar las cosas del despacho y a preparar los libros necesarios para los nuevos proyectos, que deben ser terminados cuanto antes. El primero y más importante es el libro sobre Robert Morris para la editorial Nerea. Lo llevo entre manos ya unos meses y todavía no me he puesto en serio. Esta mañana he recopilado todo lo necesario y he puesto mi mente en modo trabajo-duro. En poco tiempo he redactado el plan de acción y el índice. Parece que la cosa va bien.

Por otro lado, no puedo olvidarme del sempiterno thriller que nunca llega a comenzar del todo, aunque después de la experiencia de Espinosa de Cervera, parece que ya es el momento de empezar. Casi un año de maduración. Espero que no se me haya pasado el arroz y se me haya marchitado la trama.

Es mucho lo que tengo que escribir. Y eso me gusta. Pero misteriosamente sigo posponiendo el comienzo y entretengo tontamente con lecturas chorras y tonterías varias. Este fin de semana, sin ir más lejos, después de tragarme una serie de películas de terror innombrales, he leído una castaña pilonga de ciencia ficción titulada A vuestros cuerpos dispersos, de Philip José Farmer. Por lo que se ve es una obra de culto. Y la verdad es que el principio prometía mucho. Pero el desarrollo no tiene demasiado sentido. Una idea magnífica (un mundo después de la muerte), un comienzo prometedor... y una trama que deja mucho que desear.

A veces lo pienso, y eso mismo es precisamente lo que me aterra cuando comienzo a escribir, que las ideas se me vayan al garete. Ahora mismo, tengo un gran número de argumentos y posibles novelas en la cabeza, pero estoy seguro de que ninguna funcionaría, o al menos de que yo no sabría llevarla a buen puerto. Y es que mi principal problema es el oficio. Creo que esto lo he comentado en más de una ocasión: incluso para escribir el bodrio de los bodrios, hace falta algo que yo no tengo: voluntad, constancia, planificación... capacidad para convertir una idea en una historia. Por eso creó Dios el microrrelato, para que yo tuviese alguna oportunidad de publicar algo en condiciones. Y que, sin duda, es lo que mejor me va. Entre la idea y la realidad apenas hay unas frases de por medio. Es la pura ocurrencia y nada más. Para mí eso es lo más fácil. El resto es un trabajo duro que no sé si puedo (o quiero) resistir.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Entre el calor y esas lecturas post-nucleares o pseudo-templarias no se como no te da el jamacuco.

Ramón Monedero dijo...

Tranquilo Mahn, por ahí se acerca el MARATONN!! Yo también llevo como dos o tres libros en danza y todavía me quiero comparar otro mñas como si se me fuera la vida en ello, eso por no hablar de la de libros que tengo a medio leer, o en mi lista de espera aguardando su turno meses, sino algçun años.... planificación Mahn, a mi también me pasa y la sufro, vaya si la sufro...

Antonio Rentero dijo...

Te voy a dar la idea de tu vida... me pido el 10% de lo que saques... (incluido derechos cinematográficos y cameo en la peli):

Escribe el primer thriller consistente en una trama contada en microrrelatos.

El hijo bastardo de "El Código DaVinci" y "Rayuela", pq además la gran virtud de tu obra es que no será necesario leer todos los microrelatos... ni hacerlo en el orden en que vienen publicados.

¿Como lo ves?

mahn dijo...

Pues la verdad es que el otro día casi me da. Estaba leyendo una novela chorra y sin venir a cuento salieron los iluminati. En ese momento hacía cuarenta y pico grados. Pensé por un momento lo que estaba haciendo. Y sentí los sudores de la muerte. Afortunadamente, seguí leyendo sin pensar y conseguí acabar el libro.