Esto no es una lista de lo mejor del año. Porque para hacerla tendría que haberlo leído todo. Y soy consciente de mis límites y gustos como lector. A pesar de leer muchísimo (soy un vicioso del asunto), no me llega para dar cuenta de muchísimas cosas. No me he puesto a contar, pero creo que la cosa sobrepasa los cien libros. A un ritmo de dos o tres por semana salen entre 120 y 140. No llevo un registro. De todos modos, aunque lo llevara, este texto lo escribiría de memoria. Sobre todo porque me gusta pensar, al acabar el año, en los libros que más poso me han dejado, los que he seguido habitando un tiempo después de su lectura. Si me pidieran uno solo, por encima de todos los demás, creo que tendría que quedarme con Madre de corazón atómico , de Agustín Fernández Mallo (Seix Barral). Es el libro perfecto. El que más me ha marcado de todos los que ha escrito. Hasta el momento, mi preferido de su bibliografía era Limbo (Alfaguara) —tengo clavada en la memoria la histor...
Hoy cuenta la agencia Reuters que en la región de Calabría 60 tortugas marinas despistadas y recién nacidas en vez irse a su casa, al mar se plantaron en un restaurante italiano tipo chiringuito. Dicen los que saben de estas cosas que fueron las luces las que las confundieron, pero yo creo que el olor pizzero es más adictivo y atrayente que la cocaina. En todo caso uno, en vez de estar donde debiera, normalmente acaba en otro sitio en plan ET señalando lejanías con el dedo y diciendo lo de "mi casa".
ResponderEliminarEste verano en una librería extrañísima de Ljubljana la capital de Eslovenia encontré (y compré)un librito verde "El archivo ecotómico de la modernidad: pequeños pasos para una cartografía de la visión" de un tal Miguel A. Hernández-Navarro y pensé que aunque estemos en el sexto pino nunca nos alejamos de casa.
Leer para creer.
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