11/6/08

Barcelona

Me encanta Barcelona. Un día de estos me vengo a vivir aquí. Eso sí, con menos ajetreo del que llevo estos días. Y es que son las doce y media de la noche y en apenas cuatro horas tengo que levantarme. El avión sale demasiado temprano. Llevo dos días seguidos de madrugón. Y, en lugar de acostarme, me da por escribir un post en el blog. No tengo remedio.

Estoy cansado, pero ha merecido la pena el esfuerzo. La mesa redonda en la Fundació Suñol ha sido interesante. Creo que ha quedado bien. Y eso a pesar de las preguntas extemporáneas de una parte del público. A veces pienso que tras las conferencias deberían prohibirse las preguntas. Mi experiencia como organizador de eventos me dice que, más que ayudar, perturban. Y es que, más que preguntar, por lo general se hacen exposiciones de impresiones personales que sólo le interesan al que habla. Quizá sea antidemocrático. Pero uno va a una conferencia a escuchar y a aprender, no a contarle a los demás lo que le ha parecido. Una solución sería un turno de preguntas privado, para los realmente interesados, en plan bis a bis. No sé. Se podría pensar.

Por lo demás, el día ha sido más que provechoso. Me he vuelto a arruinar en La central, donde por fin he conseguido La filosofía en invierno, de Menéndez Salmón, que tanto había deseado. Y ya puestos, he comprado todo lo que había del autor en la editorial KRK. Después, he comido en el Bauma, el café en el que Vila-Matas es entrevistado en el documental Café con Shandy. Durante más de dos horas he esperado en vano que en algún momento entrase por la puerta. Pero nada ha sucedido. Me he tenido que conformar con la clientela, a la que no he podido evitar mirarla descaradamente, intentando encontrar algún rasgo vila-matasiano. 

Por la tarde en la Fundación he conocido a gente agradable y muy interesante. Sin duda esto es lo mejor de los eventos culturales, la posibilidad de conocer sujetos con los que uno jamás se encontraría. Por cierto, la fundación me ha parecido un proyecto de lo más interesante, y sobre todo, un proyecto honesto y sincero, con un verdadero interés por el arte y la cultura, y no una mera pose derivativa. Espero que tengan suerte en esta andadura que están iniciando.

1 comentario:

Elena dijo...

Hace quince días estuve en la Fundación Suñol escuchando a Vicente Verdú hablar sobre las emociones en la economía de ficción. Es una pena que la semana pasada estuve fuera de Barcelona, pues de haberme encontrado aquí, sin duda, hubiera ido a escucharte.