9/5/08

Hacerse sentir en el presente

Mario Perniola
Del sentir
Valencia: Pre-Textos, 2008.
176 págs. 15 €


La filosofía italiana se ha caracterizado por promover lúcidas visiones de la sociedad contemporánea. Pensadores como Agamben, Vattimo o Cacciari son fundamentales para entender el mundo en que nos movemos. A esa nómina de grandes santones habría que sumar, desde luego, la figura Mario Perniola, profesor de estética de la Universidad de la Roma Tor Vergata, que, tras un proceso lento, comienza a estar muy presente en nuestro país. En estos últimos años, sin ir más lejos, se han traducido más de cinco libros del autor. Un autor que cuenta a sus espaldas con una vasta y extensa obra ensayística compuesta por más de una veintena de libros entre los que es posible encontrar desde títulos míticos y prácticamente de culto, como ‘El sexappeal de lo inorgánico’ o 'El arte y su sombra', hasta otros más divulgativos aunque igualmente necesarios, como su clásica y célebre ‘Estética del siglo XX’.

Perniola es un pensador extraño. Deambula por un gran número de temas con una soltura particular. Y sabe siempre dar en la clave de los problemas. Su enfoque es siempre ajeno a las modas y a la lógica. Aunque se acerque a los lugares nodales de la reflexión contemporánea, este filósofo siempre presenta una visión escorada y a contrapelo de los problemas que examina, con un equilibrio perfecto entre la alusión a las fuentes tradicionales, la filosofía erudita y la apertura. Se puede decir que, por encima de cualquier otra cosa, Perniola es un observador. En este sentido, su obra en ocasiones roza la sociología, la antropología o incluso la crítica de arte. Pero en todo momento su reflexión se aferra al ámbito de la estética. No en vano ésta es su ocupación, profesor de estética, o al menos así siempre se define. Y es que para Perniola, la estética es en el fondo la atalaya desde la que mejor se puede observar el mundo contemporáneo. La estética, que permite transitar de la experiencia a la abstracción con cierta facilidad.

El pensamiento de Perniola es también un pensamiento paradójico. Aunque ha pasado por los más variados temas, en el fondo, el problema que siempre le preocupa no es demasiado diferente: la cuestión del tránsito, del ‘estar siendo’, del vivir el aquí y ahora del presente. De alguna manera, toda su obra se preocupa por buscar esta noción de la experiencia consciente de la realidad. Una noción no demasiado alejada de un cierto orientalismo zen. Orientalismo que, sin embargo, como ha mostrado en más de una ocasión, está ya en la base de cierto pensamiento griego, en especial de la ironía socrática.

La obra de Perniola está, pues, obsesionada por la experimentación de lo existente y la necesidad de sentir aquello que está ocurriendo aquí y ahora. En ‘Del sentir’, el libro que comentamos, se preocupa precisamente de la pérdida de esa experiencia directa del mundo. Una pérdida que se debe al hecho de que ya todo ha sido sentido, a la experiencia de lo ya sentido. En nuestra época, la estética se ha extendido hacia todos los lugares de la cotidianidad, y ya no experimentamos el mundo, sino que el mundo se refleja en nosotros . Se ha pasado de una lógica del narcisismo, en la que el sujeto se veía reflejado en el mundo, a una lógica de especular en la que es el mundo el que se refleja en la superficie pulida y opaca del sujeto, creado desde fuera, a imagen de un mundo que ya deja de serlo. La sensología contemporánea es la experiencia de un sentir exterior. Perniola realiza una especie de genealogía del sentir contemporáneo, desde sus orígenes en el individuo del siglo XVIII, indiviso, único, donde sentir y actuar eran una misma cosa, hasta la era actual, que denomina burocrática, donde el sentir y el actuar se han separado. El sentir se ha exteriorizado y autonomizado. Se puede decir que se ha separado de la acción y de lo humano.

Perniola reivindica la necesidad de un sentir que escape a esa sensología contemporánea de lo ya sentido. Y de nuevo lo encuentra tanto en el sentir oriental como en la propia experiencia de la filosofía, del pensamiento consciente. Al final, la única solución para escapar a esa sensología de lo ya sentido es el extrañamiento del mundo que produce la filosofía. El pensamiento produce una conciencia real del sentir. Del algún modo el pensamiento es un sentir, o como lo llama el autor, un ‘hacerse sentir’. Estar ahí, vivir el presente, contemplarlo con una implicación distante. Pensando, sintiendo y actuando al mismo tiempo: ‘contra la funesta labor de desconcierto y de ofuscación que ha desarrollado sin cesar lo ya sentido, el hacerse sentir filosófico ofrece, a todo aquel que sepa aceptarla, una simple máxima: busca siempre, para volver a germinar’.

[Publicado en El faro de las letras, 2-5-2008]

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