24/3/08

Viaje vertical 

Mañana temprano (es decir, dentro de unas pocas horas) salgo hacia Oslo para inaugurar la versión noruega de la exposiciónEstéticas Migratorias. Como al protagonista de El viaje vertical, la novela de Vila-Matas, la gente me dice "te conviene, te conviene un viaje". Y quizá tengan razón. Es posible que sea lo mejor para desconectar un poco del acecho de lo cotidiano. Además, me volveré a encontrar allí con Mieke Bal, una de las personas por las que siento más admiración y cariño. 

Me conviene, me conviene un viaje. Es cierto. Sin embargo, me cuesta salir. Me ha costado preparar las cosas. Y esta noche intuyo que me costará dormir. Y es que no puedo dejar de pensar que al llegar al aeropuerto no podré llamar a mi madre para mentirle sobre mi paradero y decirle que estoy en Murcia, que hace calor y que ya la llamaré luego, nada más llegar a casa.

3 comentarios:

Mery dijo...

Si, los lugares ajenos te sacarán un poco de tí mismo, aunque los sentimientos van contigo, así vayas a Sebastopol.
Disfruta lo que puedas. Un abrazo

Antonio Rentero dijo...

Viajar no te libra de la niebla que te rodea, pero despejarse unos días mientras la niebla vuelve a encontrarte tampoco es mala idea.

Eso sí, vuelve con fuerza nórdica para seguir con el hacha en la mano día a día.

Afueraparte, me acuerdo de tu adquisición pianística y el refugio musical. Sin motivo específico llevo unos días dándole duro al teclado, y es verdad que reconforta y mucho.

Estoy tratando de localizar algún teclado ultrapequeño, de 2/3 octavas, para conectar al portátil ya que un día de estos tendré que dejar el teclado grande en el local de ensayo q estamos preparando u amigo y yo. Ya te avisaré por si ves buena idea pillarte uno parecido para acompañarte en los viajes.

La otra opción es localizar en Internet algún Casiotone en buen estado ;-)

Un fuerte abrazo y buen viaje.

Anónimo dijo...

Hab�a una vez, hace mucho tiempo...
un viejo monje que viv�a
en un monasterio ortodoxo.
Su nombre era Pamve.
Y una vez plant� un �rbol seco
en la ladera de una monta�a

igual a �ste.

Luego le dijo a su joven pupilo,
un monje llamado Ioann Kolov,
que deber�a regar el �rbol
cada d�a hasta que �ste reviviera.

Pon unas piedras all� por favor.

En fin, cada ma�ana temprano
Ioann llenaba un cubo
con agua y sal�a.
Sub�a la monta�a
y regaba el �rbol seco
y en la noche
cuando oscurec�a
volv�a al monasterio.
Hizo esto durante tres a�os.
Y un buen d�a, subi�a la monta�a y vio
que el �rbol entero
estaba cubierto de flores!
Piensa lo que quieras, pero un m�todo,
un sistema, tiene sus virtudes.
Sabes, a veces pienso,
si cada d�a,
exactamente a la misma hora,
uno tuviera que realizar,
el mismo y �nico acto,
como un ritual,
sin cambiar, sistem�ticamente,
cada d�a a la misma hora,
el mundo podr�a cambiar.
S� algo cambiar�a.
Tendr�a que cambiar.
Uno podr�a levantarse
por la ma�ana, por ejemplo,
levantarse a exactamente las siete,
ir al ba�o,
llenar un vaso de agua del grifo,
y vaciarlo en el inodoro.
S�lo eso!
Bello, no?
Como un Ikebana Japon�s.

"el sacrificio" de Andrei Tarkovski

un abrazo muy fuerte (beceeme)