12/2/08

Digresión vilamatasiana

He demorado tanto la escritura de mi encuentro con Vila-Matas que ahora ya no me "encuentro" en condiciones de contarlo. Durante la conferencia disfruté como un niño. Hacía tiempo que un conferenciante no me llevaba a su terreno tan rápidamente, desde el primer minuto hasta la última pregunta. Y lo mismo me ocurrió en la cena, en la que no pude escapar de su magia. Una magia que le sale como quien no quiere la cosa, en pequeños fogonazos de imaginación desbordante. De todos modos, como digo, quizá por haber demorado tanto la escritura, ahora no soy capaz de escribir nada en condiciones. O quizá, bien pensado, se trata de un intento de eludir la escritura de una experiencia, como si algo en mí se estuviera negando a compartirla con los demás. Prefiero pensar que es mi incapacidad y no mi egoismo lo que impide relatar este encuentro. Un encuentro que sólo puedo tratar por medio de digresión o desplazamiento. Creo que ya lo he desplazado demasiado. Así que aquí os dejo la digresión que escribí el viernes en mi columna de La razón.

"El pasado miércoles, en la Facultad de Letras, el escritor Enrique Vila-Matas habló sobre la espera como uno de los rasgos esenciales de la condición humana. Con la maestría que le caracteriza, construyó un relato donde el tiempo muerto de la espera aparece como uno de los desencadenantes últimos de la escritura. Una escritura que vivifica un tiempo que es en sí mismo una elipsis, un “entre-medio”.

Durante estos días, he podido meditar un poco acerca de esa “esperalidad” de la vida humana. Y he llegado a la conclusión de que la espera es siempre un tiempo perdido, pues sólo tiene sentido cuando se cumple el objeto de la espera. Mientras tanto, es un tiempo estéril. Pero lo dramático del caso es que, incluso cuando llega lo que se espera, uno tiene la sensación de que sucedido no es como se lo esperaba, y queda “desencantado”. Como ha señalado Nicolas Grimaldi, lo único que no defrauda es lo que no se espera, puesto que, frente al desencanto de lo esperado (que nos decepciona porque no se asemeja a lo que habíamos imaginado), lo inesperado acontece como una aparición, como algo que rompe nuestros esquemas previos. La espera adelanta el suceso tantas veces que, cuando sucede, ya se ha experimentado de alguna manera.

Frente a ese tiempo desencantado, que es en el fondo el tiempo de la vida cotidiana, pero sobre todo el tiempo del deseo, y por encima de cualquier otra cosa, el tiempo del consumo, parece necesario optar cada vez más por un tiempo azaroso y contingente, a la deriva de una espera sin fin, ni principio. Y es que, volviendo a Grimaldi, “sin pasado que lo anticipe y lo prepare, sin porvenir previsible para el cual deba prepararse a su vez, el único presente que no decepciona tiene la vivacidad y el carácter repentino de un prodigio. No hay presencia más densa que la de una sorpresa”.

4 comentarios:

Elena dijo...

Gracias por contárnoslo, mahn. Deduzco que después de la conferencia en Murcia hubo preguntas, y me alegro. En Barcelona se produjo un silencio muy patético pues nadie se atrevió a hacer ninguna.
Es cierto que hay cosas que es mejor hacer en caliente. Sin menospreciar los procesos de reflexión, creo que muchas veces demorarse en explicar algo hace que la sensación inicial pierda intensidad y, por tanto, cueste más transmitir su magia.

mauricio dijo...

como diría buda "el sufrimiento humano se encuentra en el camino entre la realidad y las expectativas"
Un saludo

Javier Luján dijo...

También tuvo esa sensación Proust, quien dejo anotado en su Búsqueda lo siguiente: "...lo mismo que esas personas que salen de viaje para ver con sus propios ojos una ciudad deseada, imaginándose que en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado".
Lo que debe de ser un sueño es compartir unos instantes con Vila-Matas y no creo que con él se pierda el encanto de lo imaginado.
Un saludo.

Fram dijo...

Qué quieres que te diga MANH? Estaba a la espera de tus palabras sobre el encuentro y me encuentro con tu sincera declaración de que ya no estás en disposición de hablar sobre el encuentro. Dos cosas:

1. Te aplaudo la franqueza.
2. La prósima vez, llévate una grabadora.

Salú-2.