5/1/08

Reyes Magos

Miro a mi alrededor y, por un momento, observo que todo se ha cumplido, que mi vida ha tenido sentido. Es un segundo, quizá menos, que se esfuma enseguida. Entonces pienso: ya está todo. Fin de partida. Y deseo no desear nada. Pero al momento comienzo a notar que algo falta. No está todo. No sé qué es lo que falta, pero está claro que no está todo. Cierro entonces los ojos y escribo sin mirar: queridos Reyes Magos, deseo con todas mis fuerzas borrar de mí la interminable náusea del deseo.

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4 comentarios:

Hipatia de Alejandría dijo...

Hijo, perdona, pero si le pides eso a los Reyes... sería como cavarte tu propia tumba. Espero que sólo sea vicio intelectual, porque el que de verdad ha dejado de desear, es que ha sido asesinado.

www.lacoctelera.com/blog-magog
El k-osmonauta del azulejo

Pablo Giordano dijo...

Cuando era chico mi prima apoyó su cabeza en mi hombro y señaló al cielo. Esas tres estrellas juntas son los reyes magos, dijo, están bajando a traernos los regalos. A medida que pasaban los días los reyes parecían acercarse al horizonte, de un momento a otro desmontarían, no sin cansancio, y en algunos días se presentarían en mi patio. La noche de reyes me trajeron turrones, caramelos y algunas "sorpresitas" de cotillón. Los Reyes siempre fueron pobres, y en mi barrio visitaban pocas casas; creí escucharlos murmurar atrás de la puerta ventana, tuve miedo, sin embargo veía al mundo como un lugar perfectamente habitable.

Elena dijo...

Genial, de nuevo.

Fram Ramírez dijo...

Hemos tenido el mismo deseo, Mahn. Dejar de desear es asesinar, sí, la esclavitud del ser a lo que no es él mismo. El desarrollo es connatural, el deseo, no tanto. Desear la felicidad es situarse lejos de ella. Somos seres deseantes, por ello infelices, atados a ese deseo, nunca satisfechos, pues una vez cumplido, el deseo persiste y quiere más, aún más, siempre más.