25/7/07

Nominalismo migratorio

Hoy me han vuelto a llamar José María. Ha sido en una reunión. Todo había empezado bien: saludos, parabienes, sonrisas. Pero hacia el final, un señor se ha vuelto hacia mí y me ha dicho: Porque tú José María, como director del Cendeac...

No es la primera vez que me pasa. Durante un tiempo nadie sabía mi nombre. En la prensa y en los textos que escribía, solían cambiármelo o, incluso, eliminarlo directamente. Así, he firmado textos como A. Martínez Navarro, Miguel Navarro, Ángel Hernández, Miguel Ángel H., Miguel Antonio Hernández, y, el más increíble, Mariángeles Hernández. Era siempre el ausente de las fotos. Ese señor que aparece de relleno pero cuyo nombre nunca se sabe.

Hoy, de nuevo, al escuchar que me llamaban José María, he decidido eliminar mi nombre. Comenzaré un proceso de nomadismo nominal y, en adelante, responderé a todos los nombres. Seré todos y nadie. Y si me llaman José María, diré: para servirle a Dios y usted. A estas alturas tendríamos que habernos acostumbrado. El nombre es lo de menos. Llámame Ismael.

---

4 comentarios:

sushi de anguila dijo...

Espero ver algún día impreso este desternillante post en la antología literaria-bloggera que, con pasión, tus fieles lectores te suplicamos que publiques a no mucho tardar, MA(noesmariángelesaclaro)HN. Nunca falla: la realidad siempre supera a la ficción, hasta en detalles tan sencillos como éste. Imagino que has debido sentirte como el protagonista de una peli de Jacques Tati o, en su defecto, de Antonio Ozores, aunque tenga mucho menos glamour el símil. Y te da pie a iniciar un novelesco relato a lo Vila-Matas a cuenta de la confusión de nombres. Que de una anécdota parecida surgió un clásico tan bestial como 'Con la muerte en los talones' de Don Alfredo. Veraniegos abrazos, MAHN.

juanitagonzalezdios dijo...

Al principio fue así, nadie tenía nombre y no importaba, bastaban los gestos, los ademanes y en general las posiciones corporales para que todo funcionara bien, el nombre estaba en nuestro aspecto, el Gordo, el Feo, el Canijo, el Tarta, el Bizco y los miles de apelativos que pueden nacer de nuestra imagen y de nuestro comportamiento, todavía tenemos pueblos donde el “mote” priva sobre los patronímicos. En un pueblecito andaluz cerca de Guadix llamado Exfiliana no preguntes por los Hernández o Navarros, nadie te dará información, los Hernández son los “poyalarga” y los Navarros los “sambenitos”.
Por tu experiencia hemos pasado todas las que alguna vez hemos tenido alguna relevancia social, me han llamado desde María hasta Juancha, han insertado en la prensa fotos de no se sabe quien, y en conferencias y debates se han dirigido llamándome cualquier cosa, desde luego nunca pensé en eliminar mi nombre ni en “nomadismo nominal”, me vengaba dirigiéndome a veces a gentes bien conocidas por todo el mundo con los apelativos más absurdos.
A quien te llamó Mariángeles, que el Doctor Barraquer le conserve la vista. Y no te preocupes, serás tan conocido que hasta te dará rabia verte tanto en el papel reciclado de la prensa con imagen y nombre.

Anónimo dijo...

querido Juanjo:

me he encontrado con esto mientras deambulaba por el espacio y no he podido evitar pensar en ti.

http://alevosamirada.blogspot.com/2006/03/informalismo-abstracto_114314303376199516.html.

un abrazo fuerte desde niuyor

Fdo: Mª del Consuelo

E.S. dijo...

"Me llamo Erik Satie como todo el mundo"

Erik Satie