6/6/07

Memento

Después de más de veinte años de búsqueda surcando los mares más lejanos, encontró al fin el ansiado cofre del tesoro. Con lágrimas en los ojos y esbozando una leve sonrisa, pudo comprobar su contenido. Ni oro, ni reliquias, ni diamantes, ni siquiera monedas de plata, sino algo mucho más valioso y extraño al mismo tiempo, un papel amarillento que, tiempo atrás, alguien había puesto en aquel lugar: el mapa de regreso.

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7 comentarios:

Anónimo dijo...

Alfín!!! Qué bonitooooo....

juanitagonzalezdios dijo...

Que majo eres, ties paga dos birras, pastelillos de carne y sorbete dulzón pa que sigas dándole al ordenata y al caletre

Antonio Rentero dijo...

Sencillamente GENIAL, especialmente en estos tiempos piratacaribeños que por ache o por be nos está tocando "de vivir"...

Ángel dijo...

Seguro que, cuando vuelve, sin embargo, se cae por un precipicio.

mahn dijo...

A la vuelta se da cuenta de que él puso allí el mapa, y que a la dirección que lo llevó era al lugar al que nunca había querido regresar. Pero no lo recordaba.

Anónimo dijo...

¡¡¡Qué cabezica!!!

Leandro dijo...

Muy, muy bueno. Tanto como Efectos secundarios. Se pueden decir tantas cosas, que mejor no decir ninguna; así, además, no te quedas con el culo al aire.

A Rentero le diría, si tuviese ocasión (que no la tendré, porque no creo que vuelva por esta entrada), que los tiempos piratacaribeños nos dejaron algunas perlas. Buenas ideas puestas en un mal sitio, que muchos se habrán perdido por eso. Yo no; es otra cosa más de las muchas que debo a mis hijos. Para muestra, dos botones:

1) Una brújula que indica el camino hacia lo que se quiere de verdad, y que nunca marca el rumbo al pirata bueno porque, sencillamente, no sabe lo que quiere

2) El corazón roto del pirata malo, guardado bajo llave en un cofre enterrado en una isla perdida.

Al abordaje.