29/4/07

Bolaño Póstumo

En el marco de mi temporada de culpabilidad, me siento culpable por no haber leído antes nada de Roberto Bolaño. Al menos nada en profundidad, porque aunque leí algún que otro poema de Los perros románticos, por el período de mi vida en el que me cogió, no le hice demasiado caso. Desde hace una semana, sin embargo, no puedo parar de leerlo. He empezado por el final, sus dos últimos libros póstumos, El secreto del mal y La universidad desconocida. El primero cayó en un tarde. Y, aunque algunos son cuentos no pulidos del todo, me dio la impresión de que Bolaño podía hacer con la realidad y la ficción lo que le viniese en gana. El control y dominio de las situaciones narrativas me pareció fascinante. La ruptura de fronteras entre géneros y entre realidad y ficción me recuerda al mejor Vila-Matas.

Pero lo que más me ha impresionado del libro es la magia del non finito, esa idea de que todavía falta un pequeño repaso, un último toque. Confieso que las obras no acabadas me atraen mucho más que las completas. Hay una especie de no-estar-del-todo que te implica en la lectura hasta el punto de que, en ciertos momentos, tienes la sensación de estar más cerca de un confidente que de un ser ajeno al libro.

El secreto del mal es un libro que demuestra una potencialidad narrativa excepcional. Esa misma potencialidad que se observa en ciertos escritores noveles. Una promesa cumplida en su mismo prometer. Lo curioso es que esto ocurra con una obra póstuma. Una obra donde la potencialidad ya no puede ser cumplida. Y no puede serlo porque ya lo ha sido. Porque Bolaño ha prometido en sus textos finales algo que ya había sido cumplido en su obra anterior. Eso lo estoy comprobando ahora, mientras sigo leyendo La universidad desconocida, al comenzar con Los detectives salvajes, y, seguro, tendré la oportunidad de comprobarlo cuando lea 2666, su última gran obra, publicada tras su muerte.

Comenzar por el final quizá no sea el mejor modo de leer a un autor. Pero es posible que pueda ser una experiencia interesante. Sobre todo porque, de algún modo, al prometer algo que ya se ha cumplido, tiene lugar una especie de reactualización de la literatura como deseo, como búsqueda, aunque aquello que se busca se haya encontrado mucho tiempo atrás. Muchas veces tenemos que perdernos para buscarnos de nuevo. El problema es que no siempre es posible volverse a encontrar.

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1 comentario:

Leo García Jiménez dijo...

Miguel Ángel! Enhorabuena por tu libro, no asistí porque tenía clase (los jueves termino a las 9.30, ah!).

YO estoy terminando el mío, aunque ni que decir tiene que no tendrá la puesta de largo del tuyo. Supongo que la cosa fue bien.

Nos vemos!