6/2/07

Lecturas finalizadas

Este fin de semana he terminado de leer algunos libros que tenía enquistados. Uno lo llevaba desde noviembre y lo había cogido sólo en pequeños ratos: Husos. Notas al margen, de Chantal Maillard. Una especie de diario-filosófico escrito a lo Beckett que está a medio camino entre un existencialismo cioraniano y un orientalismo heideggeriano. A pesar de que tenía menos de cien páginas, he tardado mucho en leerlo. No por la densidad o la complicación. Sino porque es uno de estos libros que sólo te llaman en determinados momentos. Un libro que se saborea en soledad. A media tarde, con luz artificial, en el sofá, parándose en cada frase –en cada palabra, porque apenas puede decirse que haya verbos; tan sólo palabras, pero preñadas de significado–. Este fin de semana ha sido el momento para acabar. Me he encontrado en el sufrimiento de la autora. Cada palabra me punzaba, como ese punctum barthesiano de los ojos que miraron al Emperador. Y, al terminar, he sentido unas terribles ganas de ponerme a escribir. A escribir como ella. Realmente, esos son los únicos libros que me hacen sentir bien. Los que me dan pie a escribir. Los que abren puertas. Los libros imperfectos. En esos me reconozco.


He acabado otro, Las intermitencias de la muerte, de Saramago. También estaba en la mesita desde noviembre. Pesado. Mucho. Cada vez más. Me sorprendió y deleitó el Ensayo sobre la ceguera. Creo que es su mejor libro (creo que es su libro bueno). Los demás me han cansado demasiado, como si los hubiera leído en portugués; El hombre duplicado ni siquiera lo pude acabar. Me espera ahora el Ensayo sobre la lucidez, aunque creo que irá para largo. Un señor pesado, sí. Pero, sin saber por qué, me merece un respeto.

1 comentario:

Ángel dijo...

Yo siento exactamente lo mismo -más orientalismo heideggeriano que existencialismo cioraniano- siempre que busco el número de teléfono de un videoclub en las páginas amarillas.

PS?: ¿puede que el respeto que te merece Saramago tenga algo que ver con sus gafas?