3/1/07

Primera frase

Llevo más de un mes de retraso con un texto y no hay manera. Como siempre, no sé cómo empezar. Ya he leído todo lo que tenía que leer para el texto, lo tengo todo más o menos claro y estructurado, pero no tengo la menor idea de por dónde comenzar. Y esto me imposibilita mucho más de lo imaginable. De hecho, creo que esa ha sido la razón por la que he comenzado este blog.

Me viene a la cabeza en estos momentos el personaje de Hormigón, la novela de Thomas Bernhard, que pasa todo el libro intentando comenzar la biografía de Mendelssohn. Tiene miles de páginas escritas, pero no puede encontrar la primera frase. Es una novela prodigiosa, como casi todo lo de Bernhard, pero me angustia pensar lo a menudo que esto me sucede, mucho más de lo que cabría esperar.

Algunos me tranquilizan diciendo que es simplemente el miedo a la página en blanco, otros que la primera frase no importa, que ya se cambiará más adelante. Pero yo no puedo hacer nada si no la encuentro, sobre todo porque todo el texto se construye a partir de ese momento. Aunque lo tenga todo pensado, el argumento crece a partir de las propias palabras, que ya prácticamente se reproducen solas. Pero la primera frase es casi como una creación ex nihilo, un crear de la nada que condiciona todo lo demás. Bien visto, casi un milagro. Y en ocasiones uno no está demasiado católico. Como en esta noche. He comenzado más de quince folios, pero no hay manera. Comienzo con una hipotética primera frase y luego la sigo, como una fuga. Pero si el tema de la frase no es bueno, al párrafo y medio ya he cortado, y tengo que comenzar de nuevo, en otro folio y con otra intención. Cada vez más estoy convencido de que la escritura se parece demasiado a dar el tono correcto en canto. Hasta que no lo coges, no puedes comenzar a cantar, aunque sepas la letra.

Son más de las dos de la madrugada y no hago más que desafinar mi escritura. Y, ahora que lo pienso, estoy utilizando esta entrada del blog para afinar y demorar lo imposible, pero parece ser que hoy no tengo buen oído.

3 comentarios:

Ángel dijo...

Cuando dices que la imposibilidad de escribir nada en condiciones ha sido probablemente la razón de comenzar este blog, ¿estás seguro de la corrección del causalismo?

mahn dijo...

Desde luego. Todo lo escrito en este blog parte de la imposibilidad manifiesta de escribir algo en condiciones. Escritura excrementicia, de restos, sobras y algún que otro vómito.

Galder Reguera dijo...

Qué bueno, Miguel. A mí me sucede lo mismo, pero en sentido inverso. No puedo comenzar a escribir hasta que no tengo la última línea. Es como un punto en el horizonte gracias al cual uno se puede guiar. Poco importa el camino, cuando lo importante es llegar... aunque, a veces, es cierto que nunca se llega, y que nos perdemos por el camino.
De hecho, llevo más de dos años dando vueltas a un intento de novela de la que sé la última frase, pero poco más.
En cuanto al motivo del blog, a veces los grandes proyectos literarios sólo se manifestan cuando los pequeños les ceden su sitio. No creo que sea el único que disfruta con tu "escritura excrementicia, de restos, sobras y algún que otro vómito".
Un abrazo