23/1/07

Piano

Embobado como un niño, hoy he estado más de diez minutos frente a un escaparate mirando un piano Yamaha. No tengo ni el dinero, ni la excusa para comprarlo, pero por un momento me he imaginado en casa improvisando y dando la murga a los vecinos. Y ha sido entonces cuando, de nuevo, ha venido a mí la sensación de que, haga lo que haga, escriba lo que escriba, piense lo que piense, en el fondo, nunca seré más que un músico frustrado.

3 comentarios:

taun dijo...

Por lo menos eso es mejor que lo que hizo mi hermana, que se compro el piano Yamaha (de pared) y a los pocos meses lo dejo ahi, en el angulo oscuro de su dueño olvidado y cojiendo polvo. Supongo que en el fondo todos somos musicos frustrados: yo siempre quise tocar el violin. Esperemos que el nuevo juguete de mi hermana, una flauta travesera, dure mas que el anterior pero no lo suficiente como para alterar mis horas de sueño.

Ángel dijo...

A mí ya me ha pasado con el violín, entre otras muchas disciplinas musicales. Y no en plan "cómo me gustaría", sino con seria tentativa de gastarme quinientas mil pelas de las antiguas (no de las de ahora) en una viola da gamba.

Por no hablar del canto...

mahn dijo...

queridos ángel y taun: muchas gracias por hacerme saber que se trata de una experiencia compartida. De todos modos, no puedo quedar reconfortado. Hubo un tiempo en que la música lo era todo para mí. Durante mi adolescencia llegué a aporrear el piano, a patalear el órgano, a arañar el violín y a escupir el trombón de varas (y en menor medida, la flauta y el saxo). Pero, al comenzar la universidad, la puñetera historia del arte me succionó. Y la música quedó a un lado. Además, como dicen en mi tierra, "oficial de mucho, maestro de nada". Y eso me pasó a mí, que al final no sé tocar nada bien (nada que suene). Pero me que he quedado con el ansia de hacerlo. Y los instrumentos me fascinan.

No me compraré el piano, pero, por si acaso, hoy he tomado medidas en la sala de estar. Y mañana preguntaré en la tienda si tienen pago aplazado.