Esto no es una lista de lo mejor del año. Porque para hacerla tendría que haberlo leído todo. Y soy consciente de mis límites y gustos como lector. A pesar de leer muchísimo (soy un vicioso del asunto), no me llega para dar cuenta de muchísimas cosas. No me he puesto a contar, pero creo que la cosa sobrepasa los cien libros. A un ritmo de dos o tres por semana salen entre 120 y 140. No llevo un registro. De todos modos, aunque lo llevara, este texto lo escribiría de memoria. Sobre todo porque me gusta pensar, al acabar el año, en los libros que más poso me han dejado, los que he seguido habitando un tiempo después de su lectura. Si me pidieran uno solo, por encima de todos los demás, creo que tendría que quedarme con Madre de corazón atómico , de Agustín Fernández Mallo (Seix Barral). Es el libro perfecto. El que más me ha marcado de todos los que ha escrito. Hasta el momento, mi preferido de su bibliografía era Limbo (Alfaguara) —tengo clavada en la memoria la histor...
Por lo menos eso es mejor que lo que hizo mi hermana, que se compro el piano Yamaha (de pared) y a los pocos meses lo dejo ahi, en el angulo oscuro de su dueño olvidado y cojiendo polvo. Supongo que en el fondo todos somos musicos frustrados: yo siempre quise tocar el violin. Esperemos que el nuevo juguete de mi hermana, una flauta travesera, dure mas que el anterior pero no lo suficiente como para alterar mis horas de sueño.
ResponderEliminarA mí ya me ha pasado con el violín, entre otras muchas disciplinas musicales. Y no en plan "cómo me gustaría", sino con seria tentativa de gastarme quinientas mil pelas de las antiguas (no de las de ahora) en una viola da gamba.
ResponderEliminarPor no hablar del canto...
queridos ángel y taun: muchas gracias por hacerme saber que se trata de una experiencia compartida. De todos modos, no puedo quedar reconfortado. Hubo un tiempo en que la música lo era todo para mí. Durante mi adolescencia llegué a aporrear el piano, a patalear el órgano, a arañar el violín y a escupir el trombón de varas (y en menor medida, la flauta y el saxo). Pero, al comenzar la universidad, la puñetera historia del arte me succionó. Y la música quedó a un lado. Además, como dicen en mi tierra, "oficial de mucho, maestro de nada". Y eso me pasó a mí, que al final no sé tocar nada bien (nada que suene). Pero me que he quedado con el ansia de hacerlo. Y los instrumentos me fascinan.
ResponderEliminarNo me compraré el piano, pero, por si acaso, hoy he tomado medidas en la sala de estar. Y mañana preguntaré en la tienda si tienen pago aplazado.