3/1/07

Conocimiento

No sé por qué, quizá porque releo La invención de la soledad, me vienen ahora a la mente los días que pasé con mi padre en el hospital antes de su muerte. Recuerdo perfectamente aquella habitación. Cada rincón, cada silla, cada toalla dejada en el suelo. Llegué a poder moverme a oscuras sin tropezarme con nada.

Hoy pienso que ésa es la medida del conocimiento, la oscuridad. De hecho, podemos decir que conocemos una casa cuando, en la noche, somos capaces de caminar a oscuras por sus pasillos, evitar la silla que corta el paso, intuir la manilla de la puerta o encontrar el interruptor de la luz del dormitorio.

Conozco bastante bien mi casa, mejor que el hospital. Sin embargo, cuando cierro los ojos me extravío.

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