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Luz

A lo lejos, una cierta esperanza. Una pequeña luz con la justa luminosidad para hacer día la noche. Un esclarecimiento. Estoy cansado. Sólo me apetece dormir. ---

Lentitud

La espesura del tiempo doloroso... Todo sufrimiento acontece demasiado lento. Salvo la muerte, todo se eterniza. ---

Ya visto/ya sufrido

Mi madre se muere y yo no sé hacer otra cosa que escribir en este blog. Pocas son las esperanzas que nos da el médico, aunque, muy en el fondo, quizá alguna pueda existir. Me dicen que me aferre a eso último, a ese mínimo coeficiente de posibilidad. Pero ya hice eso una vez. Y me encontré con dos muertes, mi padre y mi utopía. Ahora todo parece repetirse. Y sólo me vienen a la cabeza cosas vividas. El dolor como déjà vu . El eterno retorno de lo mismo, pero implementado por la consciencia. De nuevo, la UCI. De nuevo, mi mano agarrada en el tránsito. De nuevo, el tiempo lento, espeso, el sufrimiento a cámara lenta. De nuevo, la espera. De nuevo, la distancia como único antídoto. De nuevo, la escritura como anestesia.

Crítica cuantitativa

Para desconectar de lo mi madre (que, por cierto, mejora ostensiblemente), anoche fui al cine a ver Apocalypto. En estos momentos, tolero las tonterías justas y, sin saber por qué, me vuelvo cuantitativo. A la película de Gibson le sobran: - 90 kilómetros de carreras por el bosque. - 20 litros de sangre. - 50 litros de pintura para tatuaje. - 30 kilos de piercings y escarificaciones. - 120 páginas de guión. - 2'30 horas de metraje.

Día feliz

Hoy es un día feliz, uno de esos que, nada más despertarte, notas que está hecho para tí. Me he levantado temprano para recibir el premio extraordinario de doctorado. Ha salido, por fin, mi libro La so(m)bra de lo Real. Y he encontrado la idea esencial que se me resistía para acabar dignamente el texto de estética migratoria. Y para redondear, justo antes de entrar a la entrega de premios, me llama mi madre para decirme que no se encuentra bien del todo. Y yo, como siempre, le digo que eso no es nada, que es lo de siempre, y que tengo que entrar al paraninfo sin falta. Al terminar, la llamo a casa, pero no me lo cogen. Y me espero lo peor. Y lo peor, en efecto, casi sucede. Está en el hospital a punto del colapso. Cinco minutos más y no habría entrado con vida. Y ahora, mientras escribo esto a la carrera, me dispongo a ir de nuevo a mi segunda casa. Como si lo hubiese invocado: de nuevo la sala de espera, de nuevo las batas blancas, de nuevo la máquina de café, de nuevo la cantina. De ...

Archivo

Siempre me ha fascinado la posibilidad de crear un archivo de tactos. Algún día escribiré un relato titulado “El coleccionista de caricias”.

Comunidad

Reflexionando sobre el ensayo de Nancy sobre el tacto y su evitación en Occidente, pienso que, realmente, el tacto es la única medida de cercanía. Mientras nuestra sociedad se fundamente sobre la mirada, viviremos alejados, pues sólo es posible establecer com-unidad por medio del con-tacto. Vivir juntos implica tocarse. Cuando perdemos a alguien sólo podemos mantener una imagen suya y nunca un recuerdo táctil. Es decir, toda pérdida implica un alejamiento en tanto que un des-juntamiento. O lo que es lo mismo: toda pérdida es des-comunal.