7/6/16

Diario de Ithaca 31 (Preferiría no hacerlo) [FIN]

[Emitido en Preferiría no hacerlo, programa literario de Aragón Radio. 06/06/16. Escuchar Podcast] 

Comienza la recta final. Apenas una semana y media para el regreso. Todo es ya una despedida. Cada desayuno, cada vuelta en la cama, cada paseo por el pueblo, cada libro que abro lleva consigo la textura del fin.

El miércoles sustituimos el seminario por la barbacoa de despedida. Algunos becarios se van al día siguiente. Cuesta trabajo contener las lágrimas. Ha sido un año especial, dice el director de la Society. Por muchas razones.


Después de la barbacoa, me acerco con Annetta a casa de Philip, que organiza también una fiesta de fin de curso con algunos profesores y estudiantes. Bebo un poco y tomo un taxi al Westy’s al encuentro del resto de los becarios. También está Lauren, con quien paso la noche hablando de arte hasta que cierran el bar. Es una pena haberla conocido tan tarde.

El jueves por la mañana, última clase del año. Al terminar, el aplauso de los estudiantes me emociona. Después, almorzamos juntos y me dicen que les ha entusiasmado el seminario. Yo les digo que he aprendido más que ellos. Me ha costado sudor, nervios y noches sin dormir. Pero ha merecido la pena.

Ithaca hoy es una fiesta. Slope day. Fin de clases, música y borrachera. Desde las ocho de la mañana, los altavoces de las fraternidades están a todo volumen. Y a las diez ya hay gente vomitando en las esquinas. Me acerco al lugar del concierto para hacer algunas fotos. Esta alegría también se ha vuelto nostalgia.


El viernes voy a un cumpleaños y me siento fuera de sitio. Por la noche hace frío y la calefacción está rota. Hoy parece que la ciudad quiere que me vaya. Al día siguiente me escribe Marta para decirme que ha fallecido su padre. Y a partir de ese momento yo solo quiero regresar. Es el detonante para que adelante el vuelo unos días. También está la oposición a la plaza de profesor titular, a la que quiero llegar con tiempo; y esa sensación de que aquí ya he terminado con todo. Una semana más no tiene sentido.

Por la tarde quedo con Francisco para despedirme. Comenzamos a beber en Argos y acabamos cerrando el Lot 10. Es un día raro. Apenas hay nadie en los bares. Regreso andando a casa y el paseo de nuevo me sabe a fin, a último sábado en Ithaca.

El domingo, Ricardo y Meredith invitan a su casa de la Eco-Village a los becarios que aún no nos hemos ido. Allí me despido de todos. Quedamos en visitarnos y volvernos a ver pronto. En Murcia, en Austin, en Londres, en cualquier otra parte. Siento que esta vez no son sólo palabras. Estoy seguro de que, antes o después, volveremos a encontrarnos.


Entre el lunes y el martes recojo el despacho y comienzo a hacer las maletas. He comprado libros por encima de mis posibilidades. Envío dos cajas por correo postal y el resto intento meterlo como puedo en el equipaje de mano.

La noche del martes organizo una cena con mis vecinos en North Star. Vienen Joe, Maria, Allan y Mel. La última hamburguesa antes de volver a casa. Esta sí que sabe a final. Igual que las cervezas. Lo saboreo todo como si estuviese en una cata de vinos. Tomamos las últimas en casa de Mel. Allí rompí una pareja. Parece que el perro aún se acuerda de mí.

Al regresar a casa intento apresar el momento, guardar en la memoria cada esquina, cada casa, cada ardilla que se cruza en el camino. Me demoro como si estuviera paseando una tortuga. Incluso la piel quiere percibir el roce del aire del Ithaca. Es la última noche.


Dejo la casa lo más limpia que puedo. Alquilo el coche y salgo para Nueva York. Antes de tomar el último semáforo paso por delante de la casa que alquilé en agosto. Allí también viví momentos bellos, hasta que llegaron los vecinos ruidosos. Son las ocho de la mañana. No toco el claxon como tenía pensado hacer.

Después de cuatro horas llego al JFK. Pago sobrepeso. Al pasar la maleta de mano por el escáner se forma un revuelo. Nadie quiere tocarla. Me apartan a un lado. He metido los libros a tal presión que en el escáner tan sólo se ve una masa compacta. La balanza portátil, también a presión sobre los libros, parece el detonador. Tras varios minutos de indecisión la abren y me miran con rencor. Yo respiro. El último escollo antes de volver.

Despega el avión mientras suena The National. Vanderley Cry Baby Cry. Imagino los créditos de esta película imaginaria. Fondo negro. Letras blancas, quizá algo amarillentas. Todo a cámara lenta.

En España me espera la gente que amo. Me espera también la plaza de profesor titular. Martín, el protagonista de mi novela, volvía de Williamstown sin nada. Mi historia es menos triste. Regreso a un presente continuo que me recibe con los brazos abiertos.

Ha sido un año mágico que nunca quisiera olvidar. Afortunadamente está este diario.

Supongo que algún día, cuando la memoria falle y no recuerde qué hice entre el verano de 2015 y la primavera de 2016, volveré a estas notas grabadas con voz tibia y entrecortada, a este texto escrito para amarrar con fuerza el pasado. Y volveré entonces a vivir estos meses extraños en el paraíso, este periodo de mi vida en el que a pesar de los desvelos, del inglés, de la nostalgia, del frío, de tantas y tantas cosas… no he podido ser más feliz.



THE END



3 comentarios:

Dino Villatico dijo...

Un comentario rápido. Lo que leí me ha conmovido. Viví experiencias semejantes, en Venecia, adonde enseñaba Historia de la Música. También yo con mis estudiantes. En Vemecia, como dije. Y en Florencia. Soy crítico musical del perófico "la Repubblica". Y escritor. En una librería de Arrecife, en Lanzarote, vi a Intento de escapada. Y lo compré. Empencé a leerlo en el avión de regreso a Italia, en Roma. Bueno, la novela me hechiza, me ofrece pensamientos y experiencias que son también las mias. Otra vez escribiré más. Esto sólo para decirle lo conmovedor que fue encontrar un escritor genial. Si Usted tiene gana, tengo también yo un blog: dionysos41 blog di Dino Villatico. Sólo si tiene gana, y tiempo. Leer lo que Usted escribe es para mí una grande alegría y profundiza mi experiencia del arte, de la literatura y de la vida. Gracias.
Dino Villatico

Miguel Ángel Hernández dijo...

Estiamado Dino, un placer saludarte. Muchas gracias por tu comentario y por tu lectura amable y entusiasta. Cómo me alegra te que haya gustado mi pequeño Intento de escapada. Nos quedamos contactados a partir de ahora. Saludos desde Murcia.

Dino Villatico dijo...

Querido Miguel Ángel.
Ya creo que puedo decirte "querido". Un escritor puede gustar o no, pero hay escritores que se aman por lo profundo que entran en tu alma quando reconoces que están hablando de tí, de tus ideas, de tu visión del mundo en cada página. Esto es lo que me ocurrió leyendo tu novela. Y más el diario de Ithaca. Cuando terminaré de leer tu novela escribiré - puede ser - cosas más precisas. Si eso no te molesta. Pero, como no todo es necesario escribirlo en un comentario, hay argumentos que no pertenecen al asunto principal, te dejo la dirección de mi correo: dionysos41@alice.it, ahí, si no abuso de tu libertad y de tu tiempo, podemos hablarnos con mayor libertad y ampliarnos un poquito más. Saludos desde Fiano Romano (30 km de Roma, cerca de la antigua villa del poeta Horacio). Estuve en Murcia hace muchos años. A muy pronto.