13/10/14

Presente continuo (semana del 3 al 9 de octubre)

VIERNES 3 / Distopía
La cabeza te explota. Anoche mezclaste demasiado. El último vodka sobraba –quizá no sólo el último–. Como puedes te levantas y escribes el “Presente continuo” con las persianas bajadas, como si fueras un vampiro. Te cuesta horrores acabarlo y sientes que no estás nada lúcido.
Por la noche, en el Centro Párraga asistes a la inauguración de la exposición de Juanli Carrión. Es un trabajo sobre los espacios de memoria y la banalización y espectacularización del pasado. Una instalación brillante que muestra cómo la memoria acaba convertida en plató, en pura escenografía. El pasado como narración visual.
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Cenas con R. un pizza en una terraza y después ves Torrente 5. No te avergüenza reconocerlo. Las has visto todas. Y crees que esta, junto a la primera, es la mejor. Más allá del disparate de cameos y chistes fáciles, la visión distópica de la España del futuro te parece muy inteligente. Por momentos te recuerda a cosas que leíste en 2020, de Javier Moreno, sobre todo el momento en el que aparece el billete de 10.000 pesetas con la cara de Felipe y Letizia. Como en la novela, la película es una torsión temporal. El futuro se parece demasiado al pasado. Es una pura ruina que nos hace mirar nuestro presente como un tiempo en el que se está fraguando la gran demolición.

SÁBADO 4 / Premio
La noticia ya es oficial: tu novela ha resultado ganadora del Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa. Si ya era una gran alegría estar entre los finalistas, esto te supera. No puedes estar más feliz. Cuando comenzaste a escribir Intento de escapada no podías imaginar todas las alegrías que te iba a dar. Lo más extraño de todo es que no llegas a estar contento del todo con la novela y que ahora la escribirías de modo diferente. Puedes entender que tiene cosas que no están mal, pero aún te sigue sorprendiendo que haya llegado así a los lectores, que se traduzca o que reciba algún reconocimiento. Es algo que, lo confiesas, escapa a tu comprensión. Lo piensas sinceramente y ahora lo escribes: no es para tanto; no lo es.
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Intentas escribir pero con las felicitaciones apenas puedes hacer algo. Quieres continuar la mañana como si nada, escribiendo tu nueva novela, perseverando, pero es imposible concentrarse. Llegan tuits y comentarios a tu estado de Facebook. Enhorabuenas que tienes que contestar. Así que al final decides no agobiarte y disfrutar del momento, experimentar la alegría.
Vas con R. al gimnasio y mientas corres en la cinta comienzas a asumirlo todo, poco a poco. Por la tarde, veis el nuevo episodio The Big Bang Theory, una serie que os fascina desde que hace años os la descubrió L. En una escena, los personajes están comiendo una hamburguesa con patatas y os entra el antojo. Le dices a R. que esta noche, aunque sea rápido, os comeréis una en el Tommy Mel’s. Lo hacéis. Y la disfrutas, como si la visión primera en la televisión hubiera incrementado el deseo.
Después, te quedas solo y vas a la semifinal del Creajoven. M. toca el teclado y la batería en uno de los grupos y quieres acompañarla. Te sorprende lo que escuchas. Las canciones, las letras, la instrumentación y la propuesta. Tienen muchas posibilidades de ganar.
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Cuando acaba el concierto, os dais una vuelta y en el Trémolo os encontráis con más amigos. N. se ha recortado la barba. A., el chico de M., también lleva una gran barba. Miras a tu alrededor y te das cuenta de que eso del pelo en la cara es el denominador común. Barbas y camisas de cuadros. Llega E. y, más tarde, el estado de ebriedad lo sume todo en una nebulosa, en un aire denso que deja miles de imágenes borrosas. Imágenes que es difícil quitarse de encima. Imágenes, olores y sabores que te acompañan en tu regreso a casa. Mientras caminas, vuelve a tu cabeza el premio, estos días, estos meses, estos años, esta vida, y das gracias por todo, porque no puedes pedir más, porque todo esto te haya sido ofrecido como un regalo.

DOMINGO 5 / Miedos
La cabeza te explota, una vez más. Dos resacas demasiado seguidas. Por la mañana escribes un poema. Te das cuenta en ese momento de por qué abandonaste la poesía. Te falta ritmo, sonoridad, poesía. Aun así, la última frase te convence. En la siesta, sexo extraño, una vez más.
Por la tarde comienzas a ver The Strain. Te gusta tanto que ves varios capítulos e incluso te pierdes la segunda parte del partido del Madrid. Sueñas con vampiros, zombis e infectados. Te despiertas varias veces a lo largo de la noche. Es por la serie; lo tienes claro. Te ha devuelto a los miedos de la infancia. Ninguno mayor que el que sentiste al ver El misterio de Salem’s Lot. Aquel rostro blanco asomado a la ventana todavía te perturba.

LUNES 6 / Paranoia
Escribes por la mañana. No llegas a estar lúcido del todo pero vas completando etapas. Casi acabas la tercera parte. Después, vas al gimnasio e intentas ordenar la cabeza. Por la tarde, todo se eclipsa con el ébola. La sanitaria madrileña contagiada colapsa la red y las noticias de los periódicos. Se desata la paranoia. Enseguida se ponen en evidencia las negligencias cometidas, los protocolos obsoletos, el disparate de la cutrez española que, como no podía ser de otro modo, también está presente en el modo de abordar la enfermedad. Al principio, haces chistes con el virus, como si fuera algo lejano e imposible, pero al poco la cosa comienza a darte bastante miedo. Ha tomado realidad. El mundo lejano está a la vuelta de la esquina.

MARTES 7 / Estilo
Respondes mails uno detrás de otro, algunos atrasados varias semanas. No quieres ver las noticias ni leer los tuits sobre el ébola. Todo va a peor. Por la noche acabas de leer Así empieza lo malo, de Javier Marías. Te hace gracia que el título señale lo que está pasando con el virus: así empieza lo malo. Más allá de eso, la novela no te ha desagradado. No es su peor novela, pero está muy, muy lejos obras maestras como Corazón tan blanco. Se te hace algo larga y cuesta arriba, pero es indudable que Marías es un grande. Y eso lo ves en las digresiones, en cómo te “contagia” el modo de escribir o el modo de pensar mientras lo estás leyendo. Eso es algo que sólo pasa con los maestros.

MIÉRCOLES 8 / Arte doméstico
Te levantas temprano y vas al gimnasio antes de ir a clase. Sientes que esa rutina le viene bien a tu cuerpo y que llegas a clase con más fuerzas. Hoy hablas del concepto de genio y de la crítica marxista a una Historia del Arte que entiende a los artistas como seres excepcionales y separados de la realidad. Es necesario bajar al arte del pedestal. En un momento haces a los estudiantes pensar en Miguel Ángel defecando y limpiándose al culo antes de subir, con olor a sobaco, a pintar la Capilla Sixtina. El arte es algo mucho más doméstico de lo que parece.
Después de clase, recoges el traje que te has comprado para la entrega de premios. En fotografía es traje es precioso; en tu cuerpo parece otra cosa. Nunca te han quedado bien los trajes. Y esta vez no va ser la excepción.
Por la tarde, tomas aire, recargas las baterías, aunque sea un instante, y asistes a la inauguración de la exposición “Desapariciones” en la Fundación Newcastle. Está repleto de amigos. Te ilusiona el proyecto y no dejarás de apoyarlo en todo lo que esté en tu mano. J. es uno de esos locos necesarios para que las cosas funcionen. Sin locuras así, el mundo sería mucho más aburrido.
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JUEVES 9 / Felicidad
Sales a correr antes de tomar el tren para Madrid. Llegas justo para ducharte y vestirte. En el tren viajas con L. Intentas leer, pero al final apenas haces nada y se os va el tiempo en la conversación. A medio viaje, salta la noticia del Nobel de literatura. Patrick Modiano. Te alegras. Lo has leído y te encandila, aunque su nombre jamás se te había pasado por la cabeza para un premio así. Ahora lo releerás con más ganas.
En Madrid, coméis una hamburguesa en Alfredo’s. Está tan deliciosa que incluso perdonas la mala educación y la displicencia de los camareros. La comida os revive. Te das una ducha rápida y te pones el traje para la entrega de premios. Viajáis a Alcalá de Henares en taxi con F. y L. Al llegar, conoces a los premiados y os aleccionan sobre el protocolo de la gala. Conforme se acerca la ceremonia comienzas a ponerte nervioso. Estáis sentados en el escenario, frente al teatro a rebosar. La cosa es seria. Cuando te nombran y tienes que decir unas palabras te quedas en blanco. Improvisas algo, das las gracias al Ayuntamiento de Alcalá y a los miembros del jurado, y dedicas el premio a R. y a la memoria de tus padres. Quieres acabar con algo lírico pero sólo te sale un “muchas gracias”. Eres más elocuente en la página que en la realidad.
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Después del acto tomáis un vino en el parador de Alcalá. Llueve a mares. Tú sigues en una nube, absolutamente feliz. Quizá por eso todo te parece perfecto y maravilloso. La conversación agradable con los miembros del jurado, con los otros premiados, con todo el mundo. Te hacen mil fotos. Regresáis en taxi a Madrid y cuando llegáis te das cuenta de que estás reventado. L. está igual. Pasáis un segundo por el hotel y casi sucumbís a la tentación de iros ya a la cama. Sin embargo, dices que es necesario celebrar, aunque sea mínimamente. Estás feliz por el premio y hay que brindar en algún lugar. Decidís ir al Cock a tomar un Dry Martini. Siempre recuerdas allí a JLB. No puedes evitarlo.
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Después de dos copas, el cansancio se ha esfumado. Aun así pensáis en tomar una más e iros al hotel. Pero, de camino al José Alfredo para tomar la última, recibes la llamada de J. e inmediatamente sabes que la noche se va a hacer algo más larga. Se une a vosotros y llega con E. Os abrazáis con cariño y amistad verdadera. Tomáis varias más y después entráis al “Wurli”. L. se va al hotel y tú te quedas un poco más. El Wurlitzer te trae muy buenos recuerdos. Memorias dulces que se activan cada vez que entras. Aguantas allí media hora más. Regresas al hotel satisfecho, dando gracias de nuevo por todo esto, por los amigos, por la gente que te rodea. Te das cuenta de que eso –y no otra cosa– es el verdadero motivo de felicidad.