4/2/14

Presente continuo 24 - 30 enero

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia]

VIERNES 24
La Culturería
Amaneces cansado y resacoso. Ayer fue tu último jueves en mucho tiempo. La semana que viene comienzan las clases y se acaban las salidas intempestivas. Hoy la cabeza te explota y apenas puedes hacer nada en condiciones. Así que prácticamente dedicas el día a vagar de un lugar a otro. Intentas leer y te sumerges en Lolita, que aún no has terminado. Te sigue maravillando. Pero también es cierto que hay un momento en el que la novela se transforma en una especie de guía de viaje por Estados Unidos y que esa parte, que te resulta menos atractiva, está ralentizando tu lectura.

Por la noche asistes con R. a la entrega de los premios de La Culturería. Intento de escapada ha resultado ganadora en la categoría de literatura. No puedes estar más contento. Sobre todo porque en los últimos años la literatura está convirtiéndose en una de las grandes bazas culturales de la Región. Cada día aparecen libros excelentes de escritores murcianos. Por eso te honra tanto que el jurado haya considerado que tu novela merece ese galardón.

En la gala disfrutas rodeado de amigos y gente de la cultura. Y una de las cosas que más te alegran es contemplar cómo una iniciativa como La Culturería, que sabes que ha surgido gracias al esfuerzo y el empeño personal, es capaz de reunir a tanta gente en un evento y enfatizar así algo importante: que en Murcia pasan muchas y muy buenas cosas, y que la cultura se sigue moviendo. A pesar de todo.

Después de la gala, das una pequeña vuelta con R. y te comes un gofre de chocolate. Es la mejor manera que se te ocurre de celebrar el premio. Lo disfrutas como si fueses un niño. Te pones de chocolate hasta las cejas.

SÁBADO 25
Principio y fin
Por la mañana buscas el cuaderno en el que esbozaste Intento de escapada y haces una foto junto al premio. Principio y final. Te das cuenta de que la estructura que planteaste no tiene nada que ver con el resultado. No coincide siquiera el título o los nombres de los personajes. Entre la novela que pensaste y la que al final vio la luz hay un abismo. Lo que tenías en la cabeza era mucho más ambicioso de lo que después pudiste –o supiste– escribir. Esto te hace pensar en que uno nunca escribe el libro que quiere, sino el que puede. Y que entre el escritor que uno imagina –y quisiera– ser y el escritor que al final es hay una distancia insalvable.


Poner juntos el premio y el cuaderno de esbozos te sirve para revivir aquellos días en los que todo comenzaba. Y lo que desde luego no se te pasaba por la cabeza –por mucho que lo soñaras– es que esas frases sueltas en un cuaderno acabarían publicadas en la editorial con la que tanto habías fantaseado. Sientes, en cualquier caso, que ya está bien y que es hora de dar carpetazo a Intento de escapada. En tu mesa hay ahora otros cuadernos, otros esbozos. Otro tiempo ha empezado. Es el tiempo de redacción de esa novela sin nombre que ahora te obsesiona. Esa novela que probablemente nunca acabará siendo la novela perfecta que ahora tienes en la cabeza. Porque al final toda obra es una mala copia de una idea previa. Quizá en un futuro lejano inventen el artilugio para convertir las ideas en libros. Hasta entonces, habrá que pelearse con el lenguaje para que entre lo que uno piensa y lo que uno escribe al menos haya un parecido de familia.


DOMINGO 26
Buenos libros
Hace un día primaveral. Sales a correr. No aguantas demasiado. Acabas a lectura de Tiempo de encierro, de Doménico Chiappe y escribes una reseña para la revista Otra Parte. Te ha gustado mucho la novela. Has disfrutado sobre todo de las reflexiones sobre el arte y la tecnología. Y también sobre el modo en el que uno de los protagonistas narra su proceso de pérdida del hogar y su transformación en extranjero. Chiappe es un gran escritor. Te alegra no cesar de descubrir buenos libros. Quisieras detener el tiempo y encerrarte a leer. Se te acumulan las lecturas.

LUNES 27
Escribir
Escribes toda la mañana. Sientes que fluye. Necesitas escribir a mano y en cuaderno. Es como si apresaras la historia y las palabras; como si emularas la voz del personaje que narra la acción.

Por la tarde escuchas la conferencia de Alberto Ruiz de Samaniego en el CENDEAC. Cita a Benjamin y a Heidegger. Habla de la luz en el arte contemporáneo. Acaba con una espléndida escena del Casanova de Fellini sobre el apagamiento del espectáculo. Quieres volver a esa película. Regresas en bicicleta. De camino, casi te tira el viento. Te encuentras a M., a quien no veías prácticamente desde los tiempos de la universidad. No te reconoce.


MARTES 28
Docencia
Comienzan las clases. Has tenido el primer cuatrimestre libre para escribir, viajar y dar conferencias y ahora te toca centrarte en la docencia. Eres consciente de que de aquí a junio sólo vas a poder escribir restándole horas al sueño. Dar clase requiere esfuerzo físico y mental. Y no sólo son las horas que uno está en el aula, sino sobre todo las de preparación de la asignatura y las que tienes la materia en la cabeza. La mente acaba poniéndose en “modo clase” y es difícil resetearla y volverla a llevar al “modo novela”. Es como si tuvieras que cambiar el chip. A partir de este momento dejas de ser escritor y vuelves a ser profesor.

Después de clase, asistes asombrado a la conversación de Claudio Magris con Francisco Jarauta y Pedro Luis Ladrón de Guevara. Escuchar a Magris en la Facultad es un privilegio. Es uno de los grandes escritores europeos. Una figura incuestionable. Te sorprende sobre todo su humildad y lucidez a la hora de hablar del papel de los intelectuales en la sociedad. Al acabar la charla, te firma El danubio. Regresas a casa con el tesoro bajo el brazo.

Por la noche, escribes como un poseso en el cuaderno. Te acuestas tarde y con el brazo dolorido. Imaginas que escribirías mejor con una buena pluma.


MIÉRCOLES 29
Pluma
Clase introductoria de Historia del Arte Contemporáneo en Filosofía. Te encanta dar esta asignatura. Cada carrera tiene unos alumnos diferentes, pero el perfil de los de Filosofía es especial. Esperas que este año sigan teniendo el nivel de otros cursos.

Después de la clase, bajas a Murcia y te plantas en Estilográficas López para comprar una pluma. Allí descubres todo un universo en torno a la estilográfica. Eso es algo que siempre te ha fascinado, la gente que conoce su mundo; los expertos en campos específicos. Vuelves a casa con una pluma Delta y antes de comer la pruebas en el cuaderno. Sientes que ahí también está la novela, en el medio, en las herramientas de escritura.  

Por la tarde, haces un pequeño movimiento y notas que el cuello se vuelve a quedar pinzado. Empieza como un dolor leve y poco a poco se va haciendo más grande.
A pesar de eso, sigues escribiendo hasta tarde en el cuaderno. No puedes esperar; la pluma tiene que se usada.


JUEVES 30
Dolor
Amaneces con un dolor insoportable. Apenas has podido dormir y ahora ya hay no manera de que se calme el malestar, te pongas como te pongas. Te tomas tres pastillas de Robaxisal, coges la bici y te vas a clase. Cuando llegas a Murcia, el dolor ya incluso te nubla la vista. Como puedes, te subes a la tarima y comienzas con tu primera clase seria de “Últimas tendencias del arte”. Cada vez que te giras hacia la pizarra para apuntar algo –porque sigues utilizando la pizarra– ves las estrellas. Pero intentas guardar las formas. Parece –o eso quieres creer– que nadie se da cuenta. En cuanto acabas la clase, como si hubieras salido de un trance, desaparece la adrenalina y vuelve el dolor.

Después, anulas las dos reuniones que tienes y regresas a casa para meterte en la cama con una manta caliente y una ensalada de calmantes. Te levantas aún peor.

Por la tarde intentas leer, pero ya no encuentras la postura correcta. Esto sí que te resulta grave. De pie, vagas de un lado a otro de la casa. Te cuesta trabajo incluso comer. Te acomodas por la noche como puedes en el sofá y ves con R. el último capítulo de American Horror Story. Era una serie que prometía mucho, pero esta temporada ha sido puro manierismo.


Después de eso, intentas escribir, volver a leer, hacer algo, pero no puedes. Tampoco puedes dormir. El dolor es intenso. Sientes incluso un hormigueo en las manos. Y en un momento te asustas porque no ves por un ojo. Seguramente es sugestión. Es nada más que un dolor de cuello. Acabará yéndose. Al menos eso esperas.