8/11/11

Artes y ciencias

Una de las cosas que siempre me han sorprendido de las películas americanas sobre la universidad es la manera en la que parecen estar estructurados los estudios. Eso de que la chica salga de clase de física teórica y se meta corriendo en la de literatura francesa del siglo XIX para acudir después a un seminario sobre el amor en el arte medieval del sur de Asia; eso, a mí siempre me ha puesto de los nervios y me ha llevado a hacerme una y otra vez la misma pregunta: ¿pero qué narices estudia esta gente? ¿Qué carrera es esa en la que uno elige las asignaturas al tuntún?

Es curioso que haya tenido que venirme aquí para enterarme por fin de que la cosa es realmente así. El estudiante americano, excepto en algunos casos específicos como Derecho o Medicina, se gradúa en artes liberales –Arts & Sciences– y ya más tarde se especializa en algo concreto. Supuestamente el plan Bolonia de las universidades europeas tiende hacia ese modelo. Pero no llega ni de lejos. En España a nadie se le pasa por la cabeza que un estudiante de matemáticas se matricule en Estética Romántica. A priori, parece que no tiene mucho sentido. Y sin embargo, si uno lo piensa bien, la intersección de la ciencia con las letras es realmente productiva en términos de creatividad.

Aquí lo tienen claro. Y cuanto más avanzada es la universidad, más contaminación hay entre las disciplinas. Emociona que parte de la bibliografía del posgrado en Ciencias Espaciales de la Universidad de Cornell –por mencionar sólo un ejemplo– se componga de libros de ciencia ficción. Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, o por supuesto, Carl Sagan, uno de sus más insignes profesores, que dejó claro, antes de morir, que el material más preciado de la ciencia es la imaginación.

[Publicado en La Razón, 4-11-11]

2 comentarios:

Nachobe dijo...

Sana envidia poder diseñarte tu futuro desde el principio.

Juan de Dios García dijo...

Aprendo contigo, nene. Aprendo sin parar. Gracias.