26/3/11

Impasibles

Ya no había soldados en la ciudad. Los tanques estaban vacíos. Ningún avión sobrevolaba ya los edificios. Habían pasado varios días desde que sonaron por última vez los antiaéreos. Sin duda, la paz había llegado a aquel lugar. Y, sin embargo, nadie salió a la calle para celebrarlo. Todos continuaron con sus rutinas, como si aquella última luz sobre el cielo no hubiera conseguido mostrarles la esencia destilada del género humano.

[Publicado originalmente en El coloquio de los perros]

2 comentarios:

Leandro dijo...

Tal vez la esencia destilada del género humano sea continuar con sus rutinas.

Me alegra recibir el sábado con el regreso de la ficción a este no (ha) lugar. Al fin y al cabo, a eso es a lo que vine en un principio. Que no decaiga

J. G. dijo...

la algarabía había sucedido con lo anterior, ¿para qué más?