18/1/11

Podemos ser mejores

Después de tres días intensos desde la agresión a Pedro Alberto, sigo instalado en la consternación y la incredulidad. Afortunadamente, y esto es lo más importante, Pedro descansa ya en casa y progresivamente va curándose de sus heridas, aunque intuyo que habrá algunas que no se ven que tardarán mucho en sanar. Espero también, por supuesto, que la policía logre capturar a los agresores –supuestamente hay algo, pero sólo supuestamente– cuanto antes y que todo se esclarezca enseguida. Es necesario volver a la normalidad.

Me parece demencial el circo que se ha montado con todo esto. Lo único que tengo claro es que a mi amigo le han partido la cara y no lo han matado de milagro. Y que aún tengo el estómago descompuesto y no puedo conciliar el sueño. Por lo demás, hay muchas cosas lamentables que están ocurriendo estos días. Son tantas y tan tristes que de momento no tengo las fuerzas necesarias –ni tampoco la cabeza en condiciones– para analizarlas con detenimiento.

Me da asco que, a estas alturas, la gente se la coja con papel de fumar y nadie se atreva a decir las cosas como son. Por supuesto, los responsables directos son los energúmenos que agredieron. Pero la culpa también está en toda una manera de hacer política, basada en la polarización y la objetualización del enemigo, al que se le convierte en objeto fóbico –por uno y otro lado– y se le arrebata su humanidad. Es más fácil insultar, increpar y suscitar el odio si olvidamos que la gente también ama. Qué falta nos hace recuperar al “adversario” y dejar de lado al “enemigo”. Qué necesario es comenzar a entender la política como un juego y no como una guerra.

Me repugna profundamente que nadie haya dicho aún que hay que bajar el tono, que la política no puede ser tan agresiva y violenta, y que, de lo contrario, esto se nos va a ir de las manos del todo –de momento ya se nos ha ido “hacia” las manos– y vamos a acabar en algo que no quiero ni imaginar. Como ha dicho Obama ante el disparate de Tucson: “tenemos que usar el lenguaje de manera que cure, no de manera que hiera… Creo que podemos ser mejores”.

Me indigna también la mezquindad de los políticos de todo signo que utilizan un acto asqueroso para fines políticos. Unos aprovechan para sacar rédito, otros tiran balones fuera y no se hacen responsables de la parte que les toca. Y entre todos contribuyen a que la mierda siga creciendo y creciendo. A este paso acabaremos todos sepultados por la porquería.

Y se me revuelve el estómago al pensar en la incompetencia de ciertos medios de comunicación, rastreros, indocumentados, amarillistas y, sobre todo, irresponsables. No han cesado de poner imágenes de la casa del consejero, con el número de la puerta, del buzón, el nombre de su esposa. Si los agresores han tenido algún problema para encontrarlo, ahora cualquiera lo tendrá mucho más fácil. También han escrito el nombre y apellido del testigo de la agresión y hasta el lugar en el que trabaja. Y, antes de que la policía tenga un culpable fehaciente, se han saltado la presunción de inocencia con el sospechoso y ya han puesto su nombre y su imagen en todos los medios. Una barbaridad detrás de otra. Desde luego, estos periodistas no saben lo que están haciendo. Tremendamente vergonzoso.

Afortunadamente no todo es malo. Durante estos días he comprobado que aún siguen existiendo seres humanos con cabeza y corazón. Las condenas sin paliativos al acto y la empatía que se ha sentido en las visitas, en los amigos, pero también en muchísimos comentarios, en muchísimos lugares, han logrado emocionarme. No me da vergüenza reconocerlo: durante estos días no he parado de llorar. No soy de lágrima fácil, pero creo que no he llorado menos que cuando murió mi madre. Ayer intenté examinar el porqué de este llanto incontrolado y constante. Y me di cuenta de que, desde luego, hay algo de rabia, de impotencia, de miedo, y también, por supuesto, de tristeza. Pero incluso más que eso, he comprobado que las lágrimas surgen de la emoción tras haber sentido el abrazo de la solidaridad y la fuerza de la amistad.

Quizá esto sea lo único bueno que se pueda sacar de estos días, que muchos, aunque sea momentáneamente, hemos sido capaces de poner entre paréntesis lo que poco que nos diferencia para hacernos fuertes en lo mucho que nos une.

Eso sí, hijos de puta, bárbaros y energúmenos ofuscados por el odio y el rencor sigue habiendo. Y, desgraciadamente, no son tan pocos como yo creía.

15 comentarios:

kultur-huset dijo...

Al principio de los acontecimientos intentaba enterarme del desarrollo del mismo a través de la TV, radio, o entrando en los periódicos digitales regionales y nacionales,.. pero no transcurrieron ni veinticuatro horas hasta que empecé a vomitar toda la basura que iba llegando a mis ojos y oidos. Esto se ha convertido en un circo, una especie de campaña electoral barata, oportunista y peligrosa, una versión innombrable de "salvame de Shit".
Ahora prefiero enterarme a través de personas cercanas a Pedro, o escuchando los "medios de incomunicación" con un filtro de grano gordo para filtrar la máxima información.
PD llorar es de humanos, lo peor es ahogarse en lágrimas propias.

madelen dijo...

Los medios de comunicación son mezquinos y muchos periodistas adiestrados en el todo vale apuñalan a diario la poca sensibilidad que nos queda.Se informa mal, se distorsiona y manipula por un puñado de euros o escaños o algo de fama mal entendida. Por suerte existe internet para poder buscar algo de verdad por nuestros propios medios.

Salomé dijo...

Miguel Ángel, me he permitido enlazadar este magistral artículo en facebook. Creo que merece la pena ser leído por todos y que nos ayude un poco a reflexionar sobre este penoso capítulo que estamos viviendo. Un abrazo. Salomé

Antonio Rentero dijo...

Querido Miguel Angel, creo que después de todo no terminamos de ser conscientes del alcance de lo que ha sucedido... y lo que es peor, de lo cerca que hemos estado de un disparate irremediable. Hemos estado a escasos centímetros de algo que no quiero ni nombrar.

Pero curiosamente me resulta sorprendentemente sencillo mantener el ánimo calmado que tan natural resulta en nuestro querido Pedro. La cosa es que por fortuna no somos como esos que chillan, persiguen, abuchean, lanzan huevos y sacan la mano a pasear.

Por eso nos quedamos mudos de horror y lloramos.

Querido Miguel Angel, podemos ser mejores (debemos serlo), pero es que hay otros que podrían (y deberían) ser MUCHO mejores. Esa es la sutil diferencia.

Algunos nos quedamos en la palabra y no sabemos pasar de ahí. Esa es la cuestión.

Te mando el más fuerte de los abrazos.

Su Espín dijo...

Cuando pasan estas cosas siempre me acuerdo de una frase de Herman Hesse, "La felicidad es amor, no es otra cosa, el que sabe amar es feliz para siempre", desgraciadamente sobra odio y hace falta mucho, muchisimo amor. Un beso.

Marisol Salanova dijo...

Estoy de acuerdo. La demagogia partidista es un cabreante añadido al episodio intolerable de barbarie. No entiendo cómo todavía no se ha planteado la llegada a un punto de inflexión: el rumbo que está tomando la política ha de cambiar, la crispación lleva a situaciones lamentables y está demostrado. Por otro lado, me repugna la actitud del periodista que comentas. En momentos así se ve la calidad moral de cada uno.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
mahn dijo...

Indigno, cobarde y miserable anónimo. Me abstengo de comentar semejante barbaridad tal y como merece. Sólo espero que jamás te veas en esta situación. Y por cierto, eso sí, te elimino el comentario porque me parece mezquino y sobre todo cobarde. Este espacio es mío y lo gestiono como quiero. Te vas a insultar a otro blog. Aquí, de momento, solo comentará gente civilizada. Eso sí, confirmas el último párrafo de mi post: hijos de puta sigue habiendo a espuertas.

Bsite dijo...

Quiero darte las gracias por tu valor y entereza. Desde hace unos días me despierto con la esperanza de que todo lo ocurrido haya sido un mal sueño. Cuando me doy cuenta de que no, me pregunto si al final la violencia y la sinrazón abatirán nuestro ánimo hasta doblegarlo.

ALI dijo...

yo veo tres claros niveles.Los políticos son los primeros que deberían dar ejemplo y no fomentar el odio entre los bandos,hablar de proyectos en común sería algo utópico ,así que,únicamente les pido que hablen desde el respeto y sean civilizados,en el siguiente eslabón estaría la masa enfurecida de las manifestaciones que se han contagiado de odio y lo han magnificado,la bola se va haciendo más grande hasta que les llega a los hijos de puta(no merecen otro calificativo) que son"personas" que sólo necesitan una excusa la política o el fútbol o lo que sea para ser violentos y han ido a por Pedro Alberto que desde los niveles anteriores lo habían convertido en objeto de ira y habían azuzado a la gent contra él.
no sabía lo del periodista,vergonzoso.
mahn entiendo tu dolor, no es mi amigo y también he llorado por él.
no comprendo como hay gente capaz de hacer o apoyar algo así, que pueda vivir sin sentir empatía, no imagino como serán sus vidas.

Leandro dijo...

Lo malo es que también podemos ser peores, y la verdad, yo no veo muy claro en qué dirección vamos

mahn dijo...

Desafortunadamente, Leandro, tienes toda la razón.

Anónimo dijo...

Estoy completamente de acuerdo contigo Miguel Ángel. Además creo que eres, por muchos motivos, muy valiente al decir lo que dices. Sin embargo, también creo que eres Vocal de los Ciudadanos para el Progreso que, francamente, no me parece un ejemplo de finura política ni de moderación. No sé... yo le veo así...

mahn dijo...

Estimado anónimo, gracias por tu comentario. Sólo una aclaracíon: todo lo que escribo y digo está escrito por "Miguel Ángel Hernández Navarro", no por ningún "ciudadado por el progreso". Que en su día fuese vocal (desde hace dos años ya no soy; en la web está la antigua junta directiva) de esta asociación no me hace compartir lo que cada miembro diga o piense. Yo hablo y escribo por mí y sólo por mí. Y nadie me representa: ni partidos, ni asociaciones, ni colectivos. Soy yo, con nombres y apellidos. Nada, ni nadie más. El resto es ruido.

Eudora dijo...

Me alegra ver y saber que el Sr. Cruz se recupera, aunque me espeluzna pensar qué hubiera sucedido si ese buen vecino no hubiera puesto en retirada a esos desgraciados. Me preocupa, eso sí, intuir que no se va a dar con ellos.

Y en cuanto a lo demás ( muy bien expresado y acertado, muy necesario también).... Siglo XX cambalache y etc.