24/5/10

Apocatastasing Lost

Al final, todo ha sucedido, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos. Un parpadeo, el del pastor Jack, que ha hecho las veces de obturador, de apertura y clausura de luz. Eyes wide open que acaban siendo Eyes wide shut. Una imagen poética, como poético (en el borde lo cursi, es cierto) ha sido también el último capítulo.

Confieso, de todos modos, que he disfrutado como hacía tiempo que no lo hacía frente a la pantalla. Creo, sinceramente, que han merecido la pena las seis temporadas. Seis temporadas y un día, el de ayer, en el que me tragué las dos horas previas, el capítulo final y el programa especial posterior que pusieron en la Abc, con una emoción que difícilmente se volverá a repetir en una serie de televisión.

Aunque es cierto que no ha contentado a todos, a mí el final me ha parecido redondo. Evidentemente quedan miles de cosas por contestar. Pero desde el momento en el que uno acepta las reglas del juego y entra en el mundo de fantasía creado por los guionistas, sabe que cualquier explicación posible arruinaría todo el misterio. Decía Borges que lo malo de las novelas policíacas es que el desenlace siempre acaba con la trama, que es lo verdaderamente interesante. La explicación lo echa todo por tierra.

Yo agradezco que el final de Perdidos haya quedado abierto. Como sugería Lacan, cuando las cosas extraordinarias se explican, hay dos opciones: o que no se entiendan (porque no se pueden explicar del todo, como es el caso) o que la explicación, al hacer que todas las piezas casen, suela ser una gilipollez. El objeto causa del deseo, o no lo alcanzamos del todo o, de hacerlo, se muestra como banal y superfluo. En la narrativa contemporánea se peca de esto último, de la explicación de hasta el último detalle, como ocurre por ejemplo en CSI o en House donde hay un sujeto que nos alumbra con su sabiduría y nos crea la ficción de que todo tiene una explicación lógica, que el mundo es totalmente traducible, legible y cognoscible. El final de Perdidos, sin embargo, nos deja con miles de interrogantes. Y eso hace que la serie quede viva después de acabar, y sobre todo nos habla de un mundo en el que aún hay cosas que están más allá de las explicaciones racionales. Nos deja a medio saber. Y eso, acostumbrados como estamos a que se nos dé todo mascado y explicado, nos crea una gran frustración. No saberlo todo (no tener la posibilidad –ilusoria– de acceder a toda la sabiduría -a nuestra diposición archivística-), es hoy como saber nada. Por eso muchos fans de Perdidos se han indignado y se sienten traicionados, porque no se ha explicado todo. Y a mí, sin embargo, me ha contentado este no saber del todo, porque al menos merma un poco –poquito, casi nada, pero ya es algo– la ilusión de transparencia absoluta del mundo en la que estamos instalados.

A mí este final me ha pillado en medio de la lectura compulsiva de Walter Benjamin. Y no sé por qué, nada más acabar la serie se me vino a la cabeza una de su más célebres tesis sobre el concepto de historia:

"La verdadera imagen del pasado pasa fugazmente. El pasado sólo puede apresarse como una imagen que relampaguea un instante, en el que puede ser conocida y jamás vuelta a ver. […] La imagen irrecuperable del pasado amenaza con desaparecer cada vez que el presente no se reconoce aludido en ella".

Por alguna razón, la mezcla de materialismo y teología que está tras las tesis de Benjamin me parece la mejor manera de hincarle el diente a la serie: la idea del tiempo discontinuo, la presencia de la remembranza, la recordación, la memoria involuntaria (a lo Proust y sus imágenes del despertar)... y sobre todo la cuestión de la redención del tiempo, la justicia del pasado, la manera en la que lo ya hecho puede ser redimido y rehecho de un modo que no es real ni deja de serlo del todo.

Se trata de algo semejante a una teología histórica donde lo que ha pasado, ha pasado, pero al mismo tiempo lo que no ha pasado, puede pasar. La posibilidad de lo posible. Eso es, en el fondo, la última temporada: una realidad que ocurre en la isla (donde, de facto, pasan las cosas), y una irrealidad (un mundo posible, el mundo de la promesa de felicidad, el mundo de lo que pudo haber sido) que ocurre en lo que creemos que es una realidad alternativa o paralela. Y luego un punto de contacto entre lo real y lo posible, una grieta que lo comunica todo: Desmond David Hume, que funciona como “conjunción constante”, término acuñado precisamente por el filósofo David Hume. Esa realidad paralela es el mundo de la redención, el mundo posible prometido que, sin embargo, y gracias a Desmond, conecta y crea un continuum con el mundo real (que en este caso es lo que pasó en la isla).

De ese modo, aparece una especie de temporalidad vertical donde todo sucede al mismo tiempo, un ahora que no es el presente, sino un tiempo indistinto que sólo es explicable como el final de los tiempos, pero “al mismo tiempo” la vuelta al tiempo pleno y primegenio de la unidad con el origen. Es decir, una apocatástasis. O lo que es lo mismo: un sindiós, que pasa a ser un adiós, para posteriormente acabar en un condiós.

22 comentarios:

Athena dijo...

Que nos ha gustado y punto. Buena explicación.

Ocho dijo...

me ha parecido genial y genial también lo que dices, estaba con los ojos llenos de lágrimas todo el tiempo.

Sr. Fog dijo...

Pues sí, el único final posible e (in)creible era este y eso es algo que barruntábamos todos desde la primera temporada. Lo que me molesta realmente del final (no digo que no me guste, es que sencillamente, me molesta) no es 'que no me lo den mascado', se trata de que durante la serie han dejando tantas vías muertas/abiertas (llámalo como quieras) que en un final apresurado de un par de horas centrado en alcanzar el karma de cada uno, ha dejado demasiados cabos sin sentido (me da igual que tengan o no explicación).

Yo desde que terminé de ver el capítulo no dejo de pensar en una cita muy distinta a la tuya: 'La vida en un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada'

Maximiliano Moyito I dijo...

Joder Fer, digo Fog, tu lo que tienes es prejuicio anal!

Rubén dijo...

Exageras un poco, ¿no?. Yo soy el primero que aplaude la crítica que ve lo que la obra no quiso decir, la que produce discurso a partir de (pero independientemente) del objeto de su análisis. Pero creo que hace falta un poco de mesura: creo -esto es opinable, claro- que es bueno que la gente perciba las cosas tipo Lost como diferentes de las cosas tipo la Odisea. Si a este divertimento le aplicamos juicios tuyos como "he disfrutado como hacía tiempo que no lo hacía", "una emoción que difícilmente se volverá a repetir en una serie", "el final me ha parecido redondo", "nos habla de un mundo en el que aún hay cosas que están más allá de las explicaciones racionales", "merma un poco –poquito, casi nada, pero ya es algo– la ilusión de transparencia absoluta del mundo en la que estamos instalados", "la mezcla de materialismo y teología que está tras las tesis de Benjamin me parece la mejor manera de hincarle el diente a la serie", "algo semejante a una teología histórica donde lo que ha pasado, ha pasado, pero al mismo tiempo lo que no ha pasado, puede pasar. La posibilidad de lo posible", "Desmond David Hume, que funciona como “conjunción constante”, término acuñado precisamente por el filósofo David Hume", etcétera, si hacemos esto, digo, con Lost, ¿qué nos queda para las obras realmente importantes? ¿Lo mismo?

Un saludo.

mahn dijo...

Estimado Rubén, te entiendo perfectamente. Y sé lo que quieres decir. Evidentemente, Lost no es ya no sólo la Odisea, tampoco es Jarmush o Chris Marker, o Alfredo Jaar... ni cosas por el estilo. Hay un abismo entre el arte serio y crítico y esta serie. Por supuesto. Aquí estamos en ámbito del entretenimiento puro y duro, del márketing viral y muchas cosas más. Cultura de masas que, desde luego, no es comparable a otros productos culturales críticos, comprometidos y realmente innovadores.

Ahora bien, dicho esto (que hay que ser consciente de la división en la que se juega el partido de Lost; eso por supuesto es algo que hay que tener claro), lo que escribo no es exageración alguna.

Me he emocionado en el mismo sentido en el que me emociona un partido de fútbol o ciertas películas. En el sentido más visceral del término. Confieso que no pude dejar de llorar durante un rato. Eso, por supuesto, pasa porque me dejé llevar y dejé a un lado mi versión de crítico cultural y me entregué sin ningún tipo de prejuicios a la serie. Y una vez dentro, una vez entendidas esas reglas del juego, la serie me ha tocado realmente. Quizá haya sacado mi lado infantil, ñoño y peterpanesco. Si es así, contento estoy.

Por otro lado, lo que digo de Benjamin y las tesis de la historia: es sobreinterpretación, por supuesto. Pero es la lectura que yo le doy habida cuenta de lo que tengo más a mano ahora. Hace dos años la habría leído con anteojos lacanianos o foucaultianos. Ahora Benjamin configura mi manera de ver el mundo y no puedo sino proyectar paranoicamente (como toda interpretación, por cierto) ese filtro de aproximación al mundo. Un filtro, por cierto, pertinente en este caso, ya que se trata de una reflexión sobre el tiempo. Leerla desde la filosofía de la historia es simplemente otro modo de mirar lo que se ha intentado ver desde la física cuántica, la relatividad y otras teorías que intentan dar sentido a las cosas.

Esto me lleva a la última cuestión. Y en esta estarás completamente de acuerdo conmigo. Que algo sea un producto de la cultura de masas no quiere decir que sea simple. Eso quedó claro en el debate sobre lo alto y lo bajo durante los sesenta (y tú mismo has escrito -y muy bien, por ciert- sobre eso): que ni la vanguardia es tan vanguardista, ni el arte de masas es tan simplista, que dentro del arte de masas hay unas lógicas complejas.
Detrás de Star Wars, de una novela de Stephen King... o de Lost, hay una concepción particular del mundo que es posible entresacar. Una concepción compleja y no siempre ortodoxa. Esa es la base de los estudios culturales. Esa es la base de poder decir que en CSI la balanza se inclina más hacia el lado del desvelamiento científico y en Lost hacia el lado de lo espiritual mistérico. Por supuesto, esas balanzas si se contrapesan con lo realmente científico y con lo realmente crítico salen perdiendo.

Pero, como digo, hay que saber en la división que se juega. Y en segunda B (donde por cierto va a caer mi Murcia querido como no cambien mucho las cosas) también se puede intentar jugar al ataque, dar tres pases seguidos y en ocasiones, como es el caso de Lost, incluso hacer un buen partido y una buena temporada. Y los espectadores disfrutarán con su equipo y los críticos deportivos harán sus comentarios. Y probablemente algún exaltado (ahí es donde entro yo) se le vaya la mano y diga que el interior izquierdo ha hecho una internada a lo Cristiano Ronaldo. Pero, por supuesto, sabrá quién es quién y qué lugar ocupa cada uno.

mahn dijo...

Y otra cosa más: por supuesto a mí también me chirría el new age sincrético religioso de las vidriedas, y el tufillo (tufo real) cristianófilo que hay detrás de todo. Pero desde el momento en que uno acepta que un señor paralítico se levante y se pasee por la isla a lo cocodrilo dundee, no espera que la cosa acabe por otros derroteros.

Rubén dijo...

Miguel Ángel: coincido en muchas cosas que dices ahora; creo que al menos algunas tenían cabida en el post. Lo que comentas sobre los prismas literarios con que intrepretamos lo que vemos o leemos es una gran verdad, y creo que debe ser así.

Claro que es muy bueno que la división entre alta y baja cultura se haya diluido; ahora, eso no puede llevarnos a perder el criterio para distinguir entre productos que se apoyan en un discurso (ejemplo irrefutable: Matrix) y los que lo hacen en una cadena de pistas falsas (en mi opinión Lost). Yo estoy convencido de que los Wachowski hablaron de Baudrillard porque lo leyeron y lo entendieron. Pero creo que J.J. Abrams habla de Hume porque ha oído hablar de lo que hicieron los Wachowski, cree que ese tipo de referencias funcionan, y que no hace falta más que una lectura en diagonal de la Wikipedia para incluirlas en una serie de televisión. Los dos hacen cultura de masas, pero hay diferencias, me parece. Unos se lo curran, el otro me toma por tonto.

Por cierto, yo también estaba leyendo estos días a Benjamin, pero sus relatos, y no puedo dejar de subrayar que también se pueden contar historias con trasfondo filosófico sin mencionar a un solo filósofo, sin hacer uso de la menor jerga filosófica (esto lo hacen muchos escritores, pero reconozco que me impresionó cómo Benjamin supo despojarse por completo de su yo-filósofo).

En fin, lo del Murcia está difícil, pero no imposible; el domingo recibís al Celta, que somos más blandos que Jacob.

Saludos

Antonio Rentero dijo...

A mi lo de las vidrieras tb me hizo gracia... por cierto, la rueda ¿a qué credo representa?

No sé si se ha comentado la conversación entre Kate y Hume cuando llegan a entregar el cuerpo del padre de Jack y Hume dice que se llama "Christian Shepard" (pastor cristiano, podría traducirse) y Kate cita al novio de la pija de "Aquí no hay quien viva" con aquello de "vamos, no me jodas".

mahn dijo...

Rubén: al final incluso vamos a estar de acuerdo. Las referencias filosóficas de Matrix están mucho más trabajadas que las de Lost. Es cierto que los Wachowski leyeron a Badrillard (aunque sólo se enteraran de la mitad, como dice Zizek), mientras que Abrams tan sólo da nombres de filósofos por darlos. Porque lo de Hume todavía tiene sentido (aunque sea a lo wikipedia): pero lo de Locke y demás son sólo cosas para que nos calentemos la cabeza ya que ellos no han querido (o sabido hacerlo).

Ahora bien, y no sé si lo he dicho en algún momento, lo que realmente me ha conmovido de la serie han sido las relaciones humanas, la verdadera evolución de los personajes. Es de eso, mucho más que de la Isla y de los viajes temporales... de lo que va la cosa. Al final, se trataba de contarnos una serie de vidas, aderezado todo ello con un trasfondo friki que en algunos casos tiene sentido y en la mayoría no.
En Matrix sólo tenemos el trasfondo friki, currado, eso, pero poco más. Más allá de las interasantes e inteligentes ideas sobre la realidad, los personajes no son sino maniquíes de cartón piedra que no tienen credibilidad alguna.

Aun así, Matrix me parece magistral. Eso sí, de nuevo, tras tanto leer a Baudrillard, acabamos crucificados y sacrificados por los demás. Y es ahí donde la cosa les falla a los Wachowski. Al querer dar un desenlace humano, como no habían trabajado este aspecto, la cosa hace aguas por todos los lados, aunque a nivel conceptual todo case.

Aquí sucede al contrario. Lo que hace aguas es esa realidad conceptual, pero no la vida y el desarrollo de los personajes. Si los guionistas se hubiesen decido por acabar la serie intentando que las cosas casasen habría sido un soberano desastre. No hay manera de poner juntos a los números que se repiten, a filósofos wikipedia, viajes en el tiempo, estatuas pseudoegipcias con pies de cuatro dedos, o incluso tatuajes raros, como los de Jack, que al final ya no recuerdo para qué servían (o a lo mejor esto lo he visto en otra serie y ya me confundo). Lo único que realmente importa es la transformación de los personajes. Personajes que estaban perdidos ya en su vida y que, precisamente perdidos en una isla, se reencuentran consigo mismos. De esto va la trama. Y lo demás son distracciones o, como se ha dicho, macguffins para que la trama avance.

Por cierto: no te preocupes por el Celta. Saldrá sano y salvo de la Condomina.

Antonio: las vidrieras corresponde al credo de yo me lo creo todo, pero no me creo nada, lo respeto todo, pero todos a la Iglesia, con el Dios verdadero que es donde hay que estar.

Y sí, "pastor cristiano": vamos, no me jodas.

Rubén Pardiñas dijo...

Bueno, me gusta Zizek, pero nunca me convencieron del todo sus opiniones sobre Matrix (me parece que los Wachowski acertaron limpiando de paja a Baudrillard en vez de liarla más).

Sobre las relaciones humanas de los personajes de Lost... no sé, no consigo creerme nada. Es más, por mencionar algo realmente bueno de la serie, me parece que casi todos los actores son buenísimos y tienen un mérito enorme por aguantar el tipo durante seis años de diálogos tópicos o inverosímiles. Reconozco que la última temporada la vi intentando descubrir cuál de ellos estaba más hasta los huevos del culebrón, y creo que casi ninguno flaqueó.

Por otra parte, no me molesta que los personajes de una ficción sean marionetas siempre que se vaya de frente, como en Matrix (hablo en todo momento de la primera) o en 2001; en estos casos se está a otras cosas.

Era poco probable que pasase, pero a mí me hubiera gustado que sí, que se hubiesen pasado de listos y hubiesen intentado resolver todos los misterios con alguna solución rocambolesca; a eso me refería con que los guionistas ni siquiera habían estado a la altura de su propia desvergüenza.

Anónimo dijo...

¿Qué puedo decir de la serie “Lost- Perdidos”? Seré directo, tan directo como la serie.
Creo sinceramente que los guionistas han perdido el rumbo de su brújula mental con tanto campo magnético. Creo que han sido devorados por su propia creación (el que anda con un cojo si al año no cojea, renquea) y esto es lo que les ha pasado.
La serie en sus inicios prometía, tenía muy buenas maneras, parecía un producto fresco, algo inusual dentro de esta retahíla de series cortadas por el mismo patrón, pero no, todo ha quedado en agua de borrajas visto el capítulo final.
El final no tiene ni pies ni cabeza. El final es como el humo negro que ha envuelto toda la serie y ha ocultado el resplandor de la luz que emanaba de sus orígenes.
Yo me siento estafado, y me siento así por creer que al final todo iba a tener una explicación coherente, pero ingenuo de mí por pensar que el caos tiene una razón de ser.
Lo peor ha sido el tiempo perdido-lost, pero en fin, era bonito hasta que llegó el final, fue bonito mientras duró.
Luis Lucas Trapaza
PD. Como la vida misma…

Anónimo dijo...

"Fue magia" es la explicación de daba Xana a los fans en un capítulo de los geniales Simpsons. Algo parecido podemos decir de cada incongruencia que aparezca en Lost. Un monigote cae de cabeza a un pozo y se convierte en humo: fue magia. Los protagonistas caen de un avión (dos veces!) sin daño alguno: fue magia. Un hombre da vuelta una manivela y aparece en otra parte del mundo: fue magia.
Y así sucesivamente. Si del pozo en lugar del humo aparecía Maradona encontramos la misma explicación: Magia, la gran caja negra de la que tirar cuando no hay explicación alguna.
Así cualquiera escribe un guión o lo que sea.

Anónimo dijo...

Fue bonito mientras duró, aunque nos hayan robado hasta los calzones. Una estafa al mejor estilo Sawyer.

Anónimo dijo...

Los personajes son carismáticos. Sin duda a una gran parte del público le habrá encantado ver como las parejitas (heterosexuales todas, por supuesto) se reencontraban y se llenaban de besos.
Para los demás, lo único atractivo de la serie era La Isla y sus misterios. Ahora resulta que no, que eso pasa a todo a segundo plano.
Pero a quién diablos le hubieran interesado la vida de Jack o Katie si se hubiesen conocido en una plaza de Central Park??
O sea: la Isla fue el sebo para que nos terminaron vendiendo un adoctrinamiento religioso del tipo Testigos de Jehová. A tomar por saco!

Anónimo dijo...

Mensaje de la mega serie: todos moriremos.
Mensaje dos: el amor todo lo supera.

Manda guevos, que profundidad.

mahn dijo...

Estimado amigo, va a ser que tú buscabas en el lugar equivocado. Si quieres algo más profundo, y serio de verdad, tira hacia Tolstoi. No te va a defraudar. Y si lo que quieres es cosa científica y tremendamente inteligente, vuelve lee a P.K. Dick. Te apasionará. Lost es lo que es. Una serie de televisión. A muchos nos ha fascinado (a lo mejor es que no me da la mollera para más), y otros os ha indignado. Qué quieres que le haga. Si hubieses estado esos seis año leyendo a Proust quizá ahora estarías más contento y seguro que la idea del tiempo perdido la entenderías de otra manera.

Athena dijo...

Cómo está el patio. Que es sólo una serie de televisión. Esto va a terminar siendo una cortina de humo para que no se hable de la crisis, oiga.

Athena dijo...

De humo negro, of course.

Apollo Creed dijo...

Los personajes de "Lost" tienen la misma profundidad psicológica que los del Equipo A, y esto no me parecería mal si los guionistas los hubiesen subordinado sin complejos (sin intentar complicar sus personalidades por el procedimiento de hacerles decir y hacer cosas a menudo incomprensibles) a la trama de la serie, desde el principio hasta el FINAL. Pero resulta que, en contra de lo que muchos creíamos, en última instancia "Lost" no es una serie que trata de una isla misteriosa, sino de unos personajes que evolucionan vitalmente hacia no sé muy bien qué. Y me jode haberme enterado de esto al final.

César dijo...

Perdidos es una historia de misterio, pero sobre todo, y en ello estoy totalmente de acuerdo con Mahn, de personajes. Y me temo, además, que la serie está llena de pistas para comprenderla en su totalidad y saber qué es cada cosa y por qué es así; eso contando con que se es capaz de echar mano de ciertos elementos de la cultura general y se tenga cierto recorrido análisis narrativo. Si en una primera pasada uno no se ha dado cuenta, convendría un nuevo visionado.

César Noragueda

Mary Rose dijo...

rompo una lanza por la cultura popular o cultura de masas, tan digna para el análisis como la alta cultura, y además mucho más divertida. Para Pierre Bourdieu la diferencia entre alta cultura y cultura popular es que la primera se recibe de una manera distanciada y autorreflexiva y la segunda se recibe emocionalmente. Sin duda Lost nos ha emocionado, hemos estado literalmente "enganchados" a sus personajes y a sus tramas. Ahora que acabó, mahn y muchas otras personas, son libres de hacer análisis intelectuales y quizá en el futuro Lost se convierta en alta cultura y se archive en los fondos de los museos... ¿quien sabe?