8/9/09

Peritexto

A veces le entra a uno mala conciencia y cree que se ha pasado un poco. Eso es lo que me ocurre con el post anterior. Algunos amigos me dicen que me corte un poco, que esto lo lee la gente y puede llegar a ser ofensivo. Y la verdad es que, después de darle algunas vueltas, no les voy a hacer ni puñetero caso. Hasta donde la ilusión de libertad me deja ver, el blog es un lugar para expresar lo a uno le viene en gana. Aquí se vierten opiniones que no aspiran a ser nada más que eso. No quiero sentar cátedra, ni creo estar, ni mucho menos, en posesión de la verdad. Lo que digo de los libros, de las exposiciones, de las cosas, de la vida, no es más que lo primero que se me viene a la cabeza. Para hacer un texto serio me lo pensaría algo más. Y quizá entonces perdiese la frescura y, sobre todo, la sinceridad.

A veces es mejor guiarse por estos paratextos o peritextos para llegar a las cosas. Yo me siento más cómodo soltando las cosas así de buenas a primeras que meditándolas y dándole una forma final y socialmente aceptable. En cierto modo, y salvando mucho las distancias, se podría decir que este es un espacio pre-sublimatorio, que está más cerca de las bajas pasiones y de las pulsiones que de las formas socialmente reconocidas sobre las que trabaja la sublimación. Es por eso por lo que a veces se me va la cabeza y digo cosas de las que después me arrepiento, es por eso por lo que hablo o escribo de modo demasiado coloquial e incluso soez, es por eso por lo que todo lo que aparece en este no(ha)lugar hay que tomárselo como lo que es: una salida de tono. Una salida cuyo origen tengo bien localizado: el diodeno trasero de abajo.

3 comentarios:

rocio dijo...

qué te voy a decir yo de las lindezas que me sueltan por lo que escribo, pero ya me ves... no aprendo.
me moriré siendo una bocazas exhibicionista.

Paul Spleen dijo...

Estoy de acuerdo. La forma propia del blog ha creado un género nuevo, más directo, por lo que tiene de ilusión de libertad. Literalmente, lo puede leer todo el mundo, pero pocos conocen la página.

Como un egipcio que escribiera en un papiro: la ilusión de libertad provendría de que era un medio relativamente nuevo y, aunque el texto quedaba ahí a la vista, la mayoría de sus coetáneos no lo sabía descifrar.

¿No es eso como mostrarse cubriéndose?

Leandro dijo...

Y además de eso, que es verdad, que tienes toda la razón, el que muestra su obra al público (escritor, pintor, escultor, cineasta o futbolista, me da igual) tiene que aceptar de antemano: a) que no fabrica billetes de 500 €, que a todo el mundo vienen bien, y que por lo tanto habrá un porcentaje mayor o menor de público al que no le gustará lo que hace; y b) que ese público al que no le gusta su obra tiene todo el derecho del mundo a expresar su parecer dónde, cuándo y cómo le parezca bien, que en eso consiste la libertad de expresión. El Sr. Gelinek, si lee tu entrada, lo que debe hacer es agradecer los 20 € que te has gastado en su libro (no quiero ni pensar que te haya costado más), y sobre todo, el tiempo que le dedicas a su obra. A leerla y a comentarla, aunque los comentarios no sean los que querría leer. Tampoco es para tanto; otros habrá a los que sí les guste el libro, seguro.