23/8/09

Más lecturas

No recuerdo un verano de leer tanta ficción. Llevo casi todo el verano sin tocar un solo ensayo. Los tengo esperando todos al 1 de septiembre. Necesitaba este parón de lecturas académicas. Y una inmersión en la literatura de entretenimiento. Para entretenerme, por supuesto, pero también para entrever claves y estructuras, maneras de hacer, enfoques y resoluciones. Después de Esclavos de la oscuridad, que sigue ganando terreno en mi memoria como una gran obra, he revisitado El libro de las ilusiones, de Paul Auster. La estructura de mi thriller tiene algo en común con esa narración en primera persona y con ese ámbito espacio-temporal, aunque el argumento esté prácticamente en las antípodas.

Tras constatar de nuevo que Auster es un maestro y un genio, necesitaba literatura de casquería, bazofia pura y dura, para poder acercarme al teclado y escribir algo sin complejos. Por eso me he abalanzado sobre Ángeles y demonios, de Dan Brown. Pero por lo que se ve, mi estómago ya llevaba demasiado ingerido y no he podido seguir más que unas páginas. Ahora estoy probando con El enigma del cuatro, de Ian Cadwell y Dustin Thomason, y la cosa no mejora. Me interesaba de nuevo el relato de investigación en primera persona, el ambiente universitario, el modo de manejar dos ámbitos diferentes del pasado... Pero lo cierto es que, con 150 páginas ya leídas, puedo decir que el libro es un truño como un puño. Al menos con Dan Brown la acción está asegurada. Es pura superficialidad, pero ya es algo. Aquí la cosa no se desarrolla de ninguna de las maneras.

Mientras tanto, y para paliar un poco esto (aunque no sé hasta qué punto), estoy leyendo también La interpretación del asesinato, de Jed Rubenfeld. Esto ya es otra cosa. Un novela brillante y algo más seria. Aunque el tema suene a trillado (Freud como detective de un asesinato), la manera de tratar la trama, los personajes, la acción y la estructura, aleja a este libro del disparate de la novela pseudohistórica. Esto salva al libro. Así como el título. De haberse publicado en otra editorial y con otro "lector ideal" en mente, no me habría extrañado nada que el libro hubiese acabado llamándose El enigma Freud o El secreto del psicoanalista. En fin, seguiremos leyendo. No quisiera que acabase nunca este mes de agosto, pero reconozco que, como dure una semana más, voy a acabar ingresado en la UCI en coma literario, perdiendo las constantes y hasta las esporádicas.

2 comentarios:

Diego Sevilla dijo...

Al hilo de lo que veo que te convence, he leído varios que sí que merecen la pena. No sé el título en español, pero te los pongo por si te valen. "The Chemistry of Death", de Simon Beckett (brillante, y tiene más que estoy deseando pillar), y el summum máximo de lo que me he leído este verano, "Infected" de Scott Sigler. Brillante hasta la médula. Te dolían sus propias heridas.

Un saludo,
diego.

mahn dijo...

Muchas gracias por las sugerencias. La verdad es que 'Infected' lo he tenido en la mano ya un par de veces y al final siempre lo he dejado. Así que tu comentario me hace replantearlo. 'La química de la muerte' también me la pido. Ya te contaré.