22/7/09

Jerusalén

Sin duda, Jerusalén, la novela de Gonçalo Tavares, es de lo mejor que he leído en tiempo. Tras leer la última frase se me han erizado los pelos de la nuca y un escalofrío me ha recorrido todo el cuerpo. Me ha pasado exactamente lo mismo con La noche feroz, de Menéndez Salmón: una necesidad de tomar aire para poder cerrar el libro y dejarlo sobre la mesita. Tavares es capaz de condensar universos enteros en apenas dos frases. Para leerlo se necesita tiempo y tranquilidad. Es necesario saborearlo, asimilar cada uno de sus argumentos, disfrutar con cada una de las pequeñas joyas que va dejando en cada página. En este libro logra construir un mosaico de pequeñas teselas que, poco a poco, se van engarzando y produciendo una trama sólida que se forma en la mente del lector. Allí se van dando cita una serie de personajes que encarnan el sufrimiento, la locura, la maldad, la cobardía... la condición humana mostrada en su cruda realidad. Eso sí, con una elegancia difícil de superar.