27/5/09

Di-vagar

Casi finalizando las clases, me he metido de lleno en Walter Benjamin y El libro de los pasajes. Descubro de nuevo la obra de este pensador imprescindible. Devoro casi de un tirón Walter Benjamin, escritor revolucionario, de Susan Buck-Morrs, que me sirve para hablar del flâneur, el hombre-sandwich y la prostituta como figuras del vagabundeo en la ciudad moderna. La verdad es que al final estoy aprendiendo con esto de la asignatura. De vez en cuando se me va la olla y divago yo también de un lugar a otro, pasando de los bulevares parisinos a las caminatas de Fulton o las maneras de habitar el espacio de los situacionistas. Creo que estoy volviendo locos a los alumnos, pero yo estoy disfrutando como un crío.

10 comentarios:

Leandro dijo...

Vagar

mahn dijo...

Lo he puesto a huevo. Tiene usted toda la razón.

Leandro dijo...

Lo siento, no pude evitarlo. Es lo que tiene la falta de sueño, que inhibe los frenos inhibitorios

Paul Spleen dijo...

Si se me permite una pregunta, ¿no se llama hombre anuncio en español a los hommes-sandwichs?

mahn dijo...

En efecto, se le llama hombre-anuncio, aunque el artículo de Buck-Morrs no lo traduce, sobre todo porque le interesa trabajar con la metáfora del hombre entre-la-publicidad, el estar encerrado en la mercancía.

Paul Spleen dijo...

Eso me olía. Muy interesante, gracias.

Anónimo dijo...

¿Somos todos mercancia en cierta manera, o quién escribe estas palabras no tiene dignidad?

Anónimo dijo...

Me interesa mucho pensar que el hombre anuncio o sandwich es una fase previa a la impresión de la publicidad y la marca sobre las ropas. Ya no se necesitan tirantes en los hombros para sujetar los cartelones porque se puede uno poner una camisetita adaptada al cuerpo. El tatuaje sería un plus ultra en este proceso.

mahn dijo...

Tienes razón, en cierto modo el hombre-anuncio inicia la inscripción de la mercancía en el cuerpo. Es el paso previo al consumo publicitario. La hipertrofia del "logo", de la que habla Naomi Klein, hace que hoy la publicidad del objeto esté vinculada al propio consumo. Es como un virus. El propio hecho de consumir ya produce un valor añadido en el objeto que se consume, con lo cual el objeto, en lugar de agotarse por el consumo, se hace mayor. El gasto se relaciona entonces con la producción de valor.

Leandro dijo...

Como en casi todo, también en esto hay clases: hay quien paga por portar el objeto publicitario, y están los puristas que todavía cobran por exhibirlo. Como debe ser