13/3/09

Contingencias

Hace unas semanas que salió a la calle Las hemorroides de Napoleón, el libro del historiador José Miguel Carrillo de Albornoz que asegura, entre otras cosas, que Napoleón perdió la batalla de Waterloo a causa de unas hemorroides que le hicieron cambiar por completo su estrategia militar. Más allá de la broma que puede suscitar la anécdota, este libro nos muestra cómo lo más banal e intrascendente se encuentra a veces en el centro de las grandes transformaciones históricas.

A veces pensamos la historia de la humanidad a través de un sistema causal, pero por lo general no son las causas sino las eventualidades las que rigen el destino del mundo. Como decía la protagonista de Los amantes del Círculo Polar, la gran película de Julio Medem, “la vida está llena de casualidades”. Casualidades que nada tienen que ver con el destino o con lo que los surrealistas llamaban “azar objetivo”, sino con el azar puro y duro. Si lo pensamos bien, todo lo que somos no se debe a un plan premeditado sino a una serie de coincidencias que se encadenan unas sobre otras. Nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestra familia… todo es fruto del más absoluto azar. Un azar que, más que en lo extraordinario, en los grandes acontecimientos, se encuentra incorporado en lo banal, en lo mínimo, en eso que Georges Perec llamó lo infraordinario.

Por eso no hay que extrañarse que Napoleón perdiera una batalla por hemorroides, o que Marx escribiera “El capital” bajo la influencia de unos forúnculos pestilentes que le ocasionaban un gran rechazo social. Se trata, en el fondo, de la inevitabilidad de la vida, en su más pura complejidad rutinaria.

2 comentarios:

juvenal dijo...

Si, claro, el relativismo de la cotingencia podría explicar el devenir de la historia, pero inevitablemente el tren que ese día pasaba casualmente por delante de tus narices, sigue su camino al margen de la decisión de cogerlo o no que, es la que finalmente te afecta. Las comilonas que seguramente ponían el culo como un tomate hinchado a Napoleón, podía haberlas cambiado por uno de los platos de boniatos deslavazados con los que se alimentaba su tropa. ¿Y entonces, cual otra contingencia sería relevante para explicar la decisión ante la batalla?

juvenal dijo...

Si, claro, el relativismo de la cotingencia podría explicar el devenir de la historia, pero inevitablemente el tren que ese día pasaba casualmente por delante de tus narices, sigue su camino al margen de la decisión de cogerlo o no que, es la que finalmente te afecta. Las comilonas que seguramente ponían el culo como un tomate hinchado a Napoleón, podía haberlas cambiado por uno de los platos de boniatos deslavazados con los que se alimentaba su tropa. ¿Y entonces, cual otra contingencia sería relevante para explicar la decisión ante la batalla?