4/2/09

Formas de llegar

En alguna ocasión ha escrito Vila-Matas que «hay muchas formas de llegar, pero la mejor de todas es no partir». Nunca he podido estar más de acuerdo con una frase. Estos días, sin embargo, estoy viviendo el reverso de esa afirmación. No puedo dejar Santo Domingo. Han sido apenas unos días, pero algo se resiste a irse del todo. Entre las cosas que no puedo olvidar está la magnífica escena que viví una mañana en la librería «La trinitaria», uno de los centros intelectuales de la ciudad. Allí, gracias a la gentileza de Tony Capellán, fui partícipe de una tertulia improvisada en la que se dieron cita una escritora de Denver, dos poetas dominicanos, uno de los héroes de la democracia y la dueña de la librería, doña Virtudes, toda una institución, que trataba los libros en los estantes según sus gustos. Por eso los escritores la temían mucho más que a los críticos e intentaban agradarla de todos los modos posibles. Esa mañana no la olvidaré jamás. Sentado en una silla de plástico, en la otra orilla del mundo, el tiempo se detuvo y sentí que algo auténtico estaba ocurriendo. Por eso, y por muchas otras cosas que ya no podré olvidar, ahora tengo que escribir: «hay muchas formas de quedarse, pero la mejor de todas es regresar».

3 comentarios:

José María Cánovas dijo...

"Hay muchas formas de quedarse, pero la mejor de todas es regresar". Que gran frase.

Anónimo dijo...

Creo que los chinos dicen eso de que un buen viajero es aquel que no sabe dónde va pero que el viajero perfecto es el que tampoco sabe de dónde viene.

mahn dijo...

Qué razon tienen los chinos. El único peligro del viajero perfecto sería no tener lugar al que regresar. Ahí ya entraríamos en el territorio del nómada. Todo se andará, nunca mejor dicho.