19/2/09

El corrector

Un par de libros por entregar, una pila de exámenes por corregir, un sinfín de e-mails por contestar, una legión de personas por atender y muchas más cosas de las que prefiero no hablar; todo, absolutamente todo ha quedado suspendido durante esta tarde. Todavía con algo de fiebre, dolor de garganta y malestar general, he apagado los teléfonos, me he puesto cómodo y me he encerrado durante unas horas dispuesto a devorar El corrector, el último libro de Ricardo Menéndez Salmón. Lo he leído como hacía tiempo que no leía un libro, con una violencia inusitada, aferrado a las páginas con una fuerza como sólo recuerdo haber empleado al leer El malogrado o Maestros antiguos, las obras maestras de Thomas Bernhard. Y el caso es que hay mucho del austriaco hay en este libro. De él y, por supuesto, de Dostoievski. Una escritura dura, grave, pesante, arrojadiza, un arma contra la bazofia que inunda este mundo. Una obra maestra que, leída en conjunto con La ofensa, Derrumbe y, a mi juicio, La noche feroz, constituye una de las mejores series jamás escritas (y no quisiera exagerar) sobre el terror, la desidia, el horror y el mal, en definitiva, sobre esta condición humana de la que difícilmente podemos escapar.

Ahora, pasados unos minutos de la lectura, necesito asumirlo, tomar distancia, respirar y esperar unos días para escribir algo en condiciones. De momento, sólo puedo decir que, de nuevo, como siempre me ocurre con Menéndez Salmón, me ha vuelto a asaltar la admiración más sincera, una emoción (porque admirar es un estado del alma) que, tal y como están las cosas, cada vez es más difícil de encontrar.

3 comentarios:

Isabel Andreu Nadal dijo...

Jolín profe, no sabía que tenías un blog. Yo también volví de Madrid con dolor de garganta, debió ser el clima, jeje. Por cierto, a ver si me contagias la hiperactividad esa, que pienso yo ahora en hacer tanta cosa y me echo a temblar. Saludos!

Leandro dijo...

La hiperactividad está muy bien, permite hacer un montón de cosas. A mí, sin embargo, no me gusta. Impide disfrutar la mayoría de ellas

Tyler Durden dijo...

Mi alma deambula por estados complejos.
Mi estado de ánimo necesitaba de un libro así.
Voy a su busca.
Gracias por la sugerencia.