17/2/09

El arte sin sombra

Una de las reflexiones que se pueden entresacar de Arco, y esto es extrapolable a la mayoría de eventos artísticos, es que no hay tiempo para ver nada. Vivimos hoy en el tiempo del arte rápido. Apenas tenemos un minuto para contemplar las obras de arte en las bienales o los museos. El sistema de los grandes eventos artísticos es también el del ritmo frenético del arte de consumo fácil. Por eso el artista siente la tentación de cocinar platos simples con sabores fácilmente reconocibles (comida tailandesa para estómagos occidentales). Interesa trabajar el arquetipo, la imagen identificable, aquello que pueda ser reconocido en un sólo vistazo, casi como si se tratase de aquellas obras modernistas de las que hablaba Clement Greenberg. El vistazo, el golpe de vista, se ha sustituido por el golpe de discurso, el desvelamiento inmediato del sentido de la obra.

Esta simplificación banaliza y reduce la complejidad de las obras y su significado. Para hacer fácilmente digeribles e identificables los problemas se los priva de su sombra. El resto ineludible, la profundidad del objeto, la complejidad de la obra es usurpada a mayor gloria del discurso fácil. Nos encontramos, así, en la era del arte sin sombra. Un arte desorientado, pues la sombra es aquello que permite saber dónde estamos. Pero la sombra es siempre un problema para el discurso. Es la mancha que rompe el orden del sistema. Es lo que “no cabe” en la luz, lo que queda fuera de ella.

Pero nada somos sin la sombra, sin esa sombra que sobra, sin esa sobra que sombrea. Es la sombra la que siempre revela al monstruo. Es precisamente en la sombra en la que, según Bataille, se halla el otro radical. En las películas de terror, la sombra muestra al animal que oculta la apariencia. La metamorfosis siempre ocurre en la sombra. El vampiro también se desvela en el reflejo, en su ausencia. La sombra es lo otro de la apariencia. Su parte maldita.

La Institución-Arte, sin embargo, tiene problemas para presentar la sombra. Es decir, tiene problemas para presentar la complejidad. Y es que hoy falta la sombra. Falta porque sobra.

Uno de los aspectos centrales de la labor del comisario o del crítico debería ser la restitución de esa sombra robada, la orientación y fijación de ese arte desorientado, mareado de tanto viajar, de bienal en bienal, de museo en museo. Pero se trata de algo complejo. Pues restituir la sombra es, sin duda, una cuestión de tiempo. Pasa por suspender la evidencia durante unos momentos, por dar espacio a la reflexión profunda sobre la obra. Porque sólo a través de esa reflexión, de la necesidad de ese tiempo que nos falta, podrían emerger las sombras de la obra. Porque lo que vemos es tan sólo la punta del iceberg. Y ver eso, no es ni siquiera ver la mitad.

5 comentarios:

guadalupe aguiar dijo...

La necesidad de tiempo de reflexión en torno a la obra de la que hablas me recuerda a la contemplación de un reloj de sol. Allí el objeto -la aguja- entabla un claro vínculo entre la fuente de luz, el paso del tiempo, el entorno lamido por su sombra y el observador. La medición del tiempo con un reloj de sol reune en un sólo acto espacio, tiempo, naturaleza, percepción e intelecto. Salvo que la aguja esté iluminada con un set de dicroicas.

El exceso de luz y el exceso de sombra producen ceguera, y es su interdependencia la que da visibilidad. La Institución-Arte, como dijiste, tiene problemas para presentar la sombra.

Nes dijo...

Lo he leído un par de veces. El primer párrafo es un retrato. Thnks

Leandro dijo...

Vale. Pero creo que, con esta misma idea, habrías escrito un relato francamente bueno. También es más difícil, claro

Mery dijo...

Pese a la complejidad de los argumentos que expones en esta entrada, optaré por dar una palabra a secas, bueno, tres: falta de calidad...o... ausencia de calidad.
Creo que impera la idea de que todo vale, con poco esfuerzo realmente artístico. Tengo la sensación de que se sublima en exceso la creatividad a lo loco, la originalidad al extremo mas pérfido. Rizar el rizo de lo esteticamente horroroso.
No me convence este tipo de arte porque no me lleva a ningún tipo de reflexión (ni de emoción).

¿He sido negativa en exceso? Me temo que si, y lo siento. Te prometo que en mi vida cotidiana no lo soy.
Feliz fin de semana

Antonio Rentero dijo...

"Soy solo la sombra de la luz", que cantaba Franco Battiato...