28/2/09

Desaparecer

A veces nos entran ganas de huir del mundo. Quisiéramos perdernos para siempre, escapar o, incluso, desaparecer. Esta necesidad de huida es una de las consecuencias de la modernidad, que, al mismo tiempo que encadenaba a los sujetos a los sistemas de producción, tuvo que inventar métodos disuasorios para evitar que pensáramos en nuestra condición opresiva. Las vacaciones y el “tiempo libre” surgieron así como una válvula de escape para esa necesidad de desaparecer. Un pequeño paréntesis que, más que para recargar baterías, nació para descargar las ganas de huir del mundo.

El arte moderno, desde un principio, mostró a las claras esa pulsión escapista (también presente en la magia; recordemos a Houdini), e ideó toda una geografía del abandono: el otro primitivo, el mundo de los sueños, el más allá, lo sagrado, las drogas, el placer, la locura... en definitiva, lugares más allá del irrespirable tiempo moderno.

Estos días tenemos en Murcia la oportunidad de contemplar la obra de una de las artistas que, con diferencia, mejor han sabido mostrar esa pulsión huidiza de la cultura moderna. Me refiero a Francesca Woodman, cuya obra (y también su corta vida) está toda presidida por la idea de la desaparición, la desmaterialización y el abandono del mundo. A mí siempre me ha recordado al Bartleby de Melville, figura célebre de la dejación, que ante cualquier orden respondía siempre lo mismo: “preferiría no hacerlo”. Como él, ante la orden de “existir”, Woodman también parece responder “I would prefer not to”.

3 comentarios:

Gww dijo...

Tu entrada me ha recordado un breve escrito de Kafka (creo que de su primer libro, Contemplación) en el que en mitad de una cena familiar, el hombre siente el fuerte impulso de salir a la calle, de huir, y se viste, y salta por las escaleras, sin explicaciones ni más gestos, adentrándose sin sentido en la niebla y el frío de la noche praguense.

A veces le envidio....

Un saludo .

Ángel dijo...

Todo eso no son más que variaciones sobre la filosofía de Homer Simpson cuando instaura la campaña de sanidad: "¿y eso no puede hacerlo otro?".

Leandro dijo...

Ese cuento es El paseo repentino, y forma parte, en efecto, de Contemplación. Un sitio para volver una y otra vez. De todas formas, imagino que toda esa pulsión escapista tiene poco que ver con el tierra trágame que sentimos en algunos momentos.