19/1/09

Menos que nada

Hoy he vuelto a pasar la tarde en el tanatorio. En el último año, no doy la ida por la venida. Esta vez ha sido un familiar de mi hermano. Una lástima. Además bastante sorprendente. Pero esto es así. No hay manera de evitarlo.

La cuestión es que, como mi pueblo es pequeño, he tenido que volver a la misma sala en la que estuvo mi madre. Así que, de nuevo, los recuerdos se han desencadenado, como si alguien hubiera abierto las compuertas de una presa. Bueno, miento. Las compuertas llevan abiertas más de una semana. Y eso es lo extraño. Llevo unos cuantos días en los que no dejo de soñar con ella. Parece que mi subconsciente intuye que pronto va a hacer un año. Apenas dos meses. 7 de marzo.

Un año. Mucho tiempo. Quizá. Pero no. Un año no es nada. Menos que nada. Cuando lo pienso, me doy cuenta de que aún no he comenzado a hacerme a la idea.

Sigo corriendo para no pararme a pensar. Por eso no dejo de trabajar, de escribir, de leer, de viajar de un lado a otro. Para no quedarme quieto, para no tener un momento de sosiego. Por eso alargo las cosas, por eso me entretengo escribiendo estas tonterías. Porque temo quedarme a solas conmigo. Porque sé que en ese momento, por mucho tiempo que haya transcurrido, las cosas comenzarán a venirse encima.

2 comentarios:

Ramón Monedero dijo...

Hazte con un buen pilar que sostenga tanta carga, pero un pilar reforzado, de los buenos.
Un abrazo.
Ramón

sintomático dijo...

Este párrafo: "Sigo corriendo para no pararme a pensar [...] Porque sé que en ese momento, por mucho tiempo que haya transcurrido, las cosas comenzarán a venirse encima". Siento algo parecido... hace poco también perdí a mi madre y a veces pienso si evito ese pensamiento tan real para no sufrir. Y creo que no. Creo que miro la vida y sigo adelante. Ella está ahí, sin estar, en esa velocidad de las horas.