23/6/08

San Juan

Mientras acabo de escribir la reseña sobre la obra de Joan Copjec (que se me ha atragantado) observo desde mi ventana la gran hoguera con la que algunos jóvenes del pueblo celebran la noche de San Juan. Me vienen a la mente un sinfín de recuerdos. San Juan siempre me pilla igual de atareado. En mi juventud, siempre coincidía con los exámenes. Y ahora la cosa no cambia demasiado. 

Pero hay cosas que sí que han cambiado. San Juan era el día en el que toda la familia se reunía. Mi padre se llamaba Juan (igual que mi hermano y mis sobrinos), así que el 24 era uno de los días señalados del calendario. Desde que mi padre murió, mi madre lloraba cada vez que llegaba este día. Este año será el primero en que ella no pueda llorar. Supongo que las lágrimas son ahora cosa nuestra. 

4 comentarios:

Mery dijo...

Pues ya que son cosa vuestra, a cuidarlas y mimarlas. Nada mas placentero que llorar a gusto...y luego que pase a otro estado.

supersalvajuan dijo...

No hay que llorar por haberlas perdido, sino recordar por haberlas disfrutado. O eso dicen.

Antonio Rentero dijo...

Las lágrimas heredadas son las más amargas...

Anónimo dijo...

Todos los seres humanos escribimos en vida una obra, no hace falta ser escritor, ni si quiera papel, se ecribe en el día a día de tu vida. Los que hemos vivido de cerca la obra de tu madre, tenemos la impresión de que no se ha entendido lo que hizo, lo que quiso y lo que amó. No es grave que se derrumbe una pared o un techo, basta con reparar, lo grave es dejar que se desrrumbe, es como ir quemando poco a apoco páginas de un libro que nunca se escribio, pero que existe.
emilio