3/4/08

Pensar (por) la muerte

Algunos me dicen que deje de pensar y escribir sobre la muerte. Juro que lo estoy intentando. Pero no puedo dejar de hacerlo. No creo, de hecho, que se pueda. Y es que cada vez más, estoy convencido que la muerte es precisamente el origen de la filosofía y el conocimiento. En esto estoy completamente de acuerdo con el filósofo inglés Simon Critchley, para quien la filosofía no nace del asombro ante las maravillas del mundo, sino del desencanto ante la imposibilidad de comprender la muerte.

Lo maravilloso nos maravilla y suspende el pensamiento; simplemente lo disfrutamos. Pero la muerte, al fracturar el placer del mundo y frustrar el “enmaravillamiento”, nos hace pensar. Nos hace reflexionar precisamente porque es algo que se resiste al pensamiento. En cierto modo, se puede decir que toda reflexión nace de una preocupación por la muerte. No otro es el origen de la pregunta por el sentido de la vida. Uno sólo se preocupa por la vida cuando entra en juego la muerte y las cosas comienzan a ir mal.

La felicidad nos da muy pocos quebraderos de cabeza. Es el dolor y el sufrimiento el que hace brotar el célebre “¿por qué?”, la cuestión “original”. Es en este sentido en el que habría que entender la historia de la expulsión del Paraíso, como un triunfo del conocimiento del dolor sobre la ignorancia de la felicidad. De este modo, el árbol de la Sabiduría habría cumplido su cometido en el pecado, ser el origen del pensamiento.


10 comentarios:

hombredebarro dijo...

Ni caso, lo único a lo que merece dedicarle tiempo es a la muerte.

hombredebarro dijo...

merece la pena, claro

Mery dijo...

Jamás entenderé el por qué negar el derecho a la pena, a dejar reposar el dolor, a que se tome su tiempo. Actualmente no se admite ni un minimo período de duelo. ¿Qué deshumanización es esta?
Jamás dejes que los demás decidan por tí o por tus sentimientos, pues cuanto mas lo escondas, mas largo será el plazo de recuperación.
Sobre el aspecto filosófico de la muerte, largo podria ser el discurso. Date cuenta de que el ser humano es el único ser viviente que SABE que va a morir, y esa certeza condiciona su vida entera.
En fin, un nuevo abrazo.
Mery

Antonio Rentero dijo...

Vamos a morir todos, no sé pq hay q ocultar la única realidad que a todos nos alcanzará en uno u otro momento.

Otra cosa es que haya que hacerlo con angustia...

taun dijo...

Me encanta tu reflexión. Es una idea muy seductora, tan seductora que creo que estoy empezando a caer en ese "enmaravillamiento"

...y si toda reflexión no fuera mas que la busqueda de un nuevo enmaravillamiento, de una nueva idiotez inteligente imperecedera frente a las cribas de la muerte.

Porque el conocimiento trasgrede la frontera de la muerte, o no...

Jaume dijo...

Desde que te descubrí ( la noche del martes ) que estoy prendido de tus palabras, y hoy he decidido hacértelo saber.....................
Tuyo, Jaume

mahn dijo...

Gracias mil por vuestros comentarios y palabras. La verdad es que es difícil no pensar en la muerte cuando está tan presente en la vida.

mahn dijo...

Y por cierto, bienvenido Jaume. El placer siempre es mío. Esta es una de las grandezas de Internet.

Anónimo dijo...

Los intelectuales lo lían todo, sus reflexiones salen del intelecto, no del corazón y solo dejan tinta, los demás entendemos la muerte de otras miles de formas, diferentes, si, pero dejan huellas profundas que jamás se curan.
Cada día, cada hora, cada momento te llega el recuerdo del que se fue, repasas su vida y siempre tienes la sensación de haber dejado de hacer algo para que hubiese sido más feliz, es un pellizco íntimo, permanente y desazogado, podría haber hecho…….. y no lo hice, es el remordimiento.
Por lo demás la muerte es el acto más repetido de la creación junto con los nacimientos, nos formamos para el mal momento desde que nacemos y siempre nos sorprende. El que muere pasa poco a poco a la naturaleza que lo creó, en los que quedan, diferentes estados, provenientes de las diferentes relaciones con el fallecido, desde el más doloroso, hasta el liberalizado que se limita hacer lagrimas en público y dormir sin sobresaltos en privado.
Los que perdimos la mitad, no se donde estamos.

Juanitagonzalezdios

Pedro Jesús Teruel dijo...

Mahn, este post y mi pensamiento van en la misma dirección. Hay un libro que arroja mucha luz sobre el tema: se trata del volumen de Jorge Vicente Arregui -que, como sabes, falleció tempranamente en 2005- que lleva por título "El horror de morir. El valor de la muerte en la vida humana" (Tibidabo Ediciones, Barcelona 1992). El diálogo de Arregui con algunos autores de referencia -entre ellos, Heidegger o Rilke- no tiene desperdicio. He ido a consultar el volumen para darte la referencia bibliográfica y he releído las citas con las que comienza. De ellas reproduzco la segunda. Proviene de un libro de Gabriel Celaya. Hela aquí:
"Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades".