11/3/08

Escritura

Compruebo estos días que necesito escribir más que nunca. Aunque en un primer momento hablase de la esterilidad del lenguaje para traducir la experiencia de la muerte, poco a poco me voy dando cuenta de que es la única manera de asumirla. Hay mucho que no puede ser dicho, lo fundamental, lo más doloroso, lo impensable. Pero también hay otra parte que se puede decir, que se puede escribir, que se puede hacer palabra. Por eso estos días, atrapado en las palabras, no puedo parar de escribir. Escribir en todos los lugares, incluso en la propia mente. Y es que hasta el pensamiento más íntimo y silenciado se convierte ahora en escritura. Escritura posible. Cuando pienso algo como "escribible", se transforma inmediatamente en escritura. Y en ese momento, el acecho de la experiencia se frena durante unos instantes. La escritura funciona entonces como dique, como barrera ante la fuerza arrolladora de lo real.

1 comentario:

emilio dijo...

Como la higuera cercenada, de nuestro propio tocón surgen las nuevas ramas, las nuevas ideas, la nueva vida, reforzada y reformada creciendo sobre una herida, una cicatriz que nos ha de acompañar por siempre y sobre la que instauraremos una nueva historia basada en las experiencias.

Tanto quiero a tu madre como para reverdecer con su recuerdo.

Emilio Navarro González