5/3/08

Desorientado

Casi todas las noches, después de trabajar hasta altas horas de la madrugada, apago la luz del despacho y, para no despertar a mi mujer, me voy a oscuras hasta el dormitorio. Como conozco bien la casa, no necesito encender la luz para llegar a la cama. Me basta con palpar las paredes como un ciego. 

Esta noche, sin embargo, al cruzar el pasillo me he desorientado durante unos momentos, y, cuando he intentado llevar mi mano a la pared, he encontrado sólo un vacío. Un vacío enorme que mi brazo no era capaz de abarcar. Apenas ha sido un instante, un segundo fugaz, pero he sentido como una angustia terrible comenzaba a apoderarse de mí. Luego todo se ha calmado. He encontrado el camino y he encendido la luz. Ahora, mientras escribo esto, miro a mi alrededor y siento que ya nada es como antes.

7 comentarios:

Antonio Rentero dijo...

No me digas más, womahn se ha dejado abierta la puerta del baño, has ido a apoyarte en ella, no las has encontrado, tu mano ha tanteado el hueco del umbral en la oscuridad y tú literalmente te has cagado de miedo y angustia.

Buen sitio para hacerlo, la puerta del baño. Al menos tienes el papel higiénico cerca.

Ahora en serio, a mí tb me ha pasado eso alguna vez y da mucha cosica.

Anónimo dijo...

Lo que también da cosica es cuando duermes en casa ajena, te despiertas en medio de la noche y, de pronto, no sabes ni dónde estás.

womahn

Antonio Rentero dijo...

Lo peor debe ser despertarse totalmente resacoso, sin saber qué pasó anoche, ver que hay algo (aparentemente vivo) junto a tí en tu cama y no saber cómo ha llegado allí, mientras imploras al cielo "por Dios, que al menos sea una mujer".

Ángel dijo...

Antonio, eres un homófono.

Antonio Rentero dijo...

Y yo que creia que mi voz sonaba masculina... ¿de verdad sueno como un maricón? Bueno, como un gay, que tengo estudios y soy de familia bien.

Vigo dijo...

Hubiera sido más dramático meterse en la cama, y descubrir que tu mujer no lo es. O algo así.

Un saludo y buen blog.
Vigo

Ligeia dijo...

El texto ha avivado recuerdos de cuando era niña... Ese terror de levantarte de una pesadilla y no saber donde estás, y que finaliza con un susurro de tu mamá diciéndote: "Venga, a dormir, que no pasa nada"