14/1/08

Escribir por escribir

Hay momentos en los que a uno no se le ocurre ningún tema sobre el qué escribir. Las razones son varias: agotamiento, estrés, urgencia o, lo más probable, sequía intelectual. Hoy estoy en uno de esos momentos en los que todo se me resiste y no encuentro nada sobre lo que escribir. Pienso, busco, reflexiono, pruebo una y otra vez, pero no hay nada que realmente pueda hacer.

Cuando hay sequía, no hay que forzar las cosas. Pienso entonces en los consejos que ofrecen los manuales de escritura para el miedo ante la hoja en blanco: tormenta de ideas, una cosa detrás de la otra, escribir por escribir hasta que algo vaya tomando forma. Escribir por escribir, lo que sea, aunque no tenga sentido, aunque no lleve a ninguna parte, sólo para llenar la hoja en blanco, sólo para aplazar la esterilidad, para poner en suspenso la muerte de la escritura.

Si uno lo piensa con detenimiento, este escribir por escribir sirve, en el fondo, como una metáfora de la vida y la muerte en tanto que acción y quietud. Parece que es necesario hacer cosas, moverse, para tener la sensación de estar vivo. Hacer algo, no importa qué. Lo único importante es no quedarse quieto. Correr hacia algún lugar. Escapar. Y eso es, en el fondo, la escritura. Correr desde el principio hasta el final, desde el inicio hasta el punto y final, como si nos persiguiese la misma muerte.

Escribir, hablar, contar... para escapar de la muerte. Eso es precisamente lo que hacía Sherezade en Las mil y una noches, contar historias para aplazar su muerte. Hablar, relatar, escribir... como signo de vida. Eso es lo que hago ahora. Escribir para mostrar que sigo vivo, que, aun sin nada que decir, algo corre por mis venas. Sangre o tinta, no importa.

Aunque a veces es mejor la opción del silencio. La quietud, en lugar de la acción, para evitar la muerte, como la mantis religiosa, que se finge cadáver para conservar la vida.

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4 comentarios:

Pedro Jesús Teruel dijo...

Hace poco oí una expresión castellana que tiene que ver con la disyuntiva entre hablar o callarse. Dice así: "Prefiero ser dueño de mis silencios que esclavo de mis palabras". La expresión es de un aplomo castizo. Y añade a lo que comentas un matiz interesante: la coloratura moral del acto de hablar (o de callarse). En otro orden de cosas: gracias por tu invitación a la fiesta del CENDEAC. Y enhorabuena por el aniversario.

Antonio Rentero dijo...

¿Quien será el primero en, un día que no tengas ganas/inspiración, publicar en su blog una entrada en blanco?

Denis dijo...

Atrevete



al silencio...

Pablo Giordano dijo...

Así nacieron los blog literarios, creo.